Jordi y Polope, duelo por chicuelinas

Jordi San José. / LP
Jordi San José. / LP

El arranque de las Fallas tuvo un momento culminante. De esos que los aficionados pueden guardar en el recuerdo para el caso, Dios lo quiera, que los jóvenes protagonistas lleguen a donde todos deseamos. En el camino están. Fue un duelo por chicuelinas, unas elegantes, las otras arrebujadas, unas quietas, las otras más quietas todavía, todas de capote grácil y corazón abierto. Surgió desde lo más hondo de la entrega juvenil, pura pasión torera. Fue en el segundo de la tarde. El primer trueno lo disparó Polope en su turno de invitado, la respuesta fue del anfitrión, de Jordi San José que no se aguantó, faltaría más. Cumbre los dos. Vendrán los nombres de ringo rango y no me atrevería a asegurar que lo mejoren. Ambos dos, San José y Polope, lucían la banda académica de la Escuela de Valencia, que fue la entidad que se llevó la tarde de calle.

La plaza registró una excelente entrada. Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Salvador Boix, el ganadero Nadal Más y el artista Moratalla Barba. Se lidiaron novillos de Daniel Ramos de desigual presentación y escaso juego, destacando el segundo que fue excelente.

Felizmente la tarde tuvo una bonita prolongación al pique de las chicuelinas. Jordi, que en otros momentos se anunciaba el Niño de las Monjas, se creció en el ultimo tercio con una faena de mucha entrega. Embistió el novillo y respondió el novillero, que sobre todo con la zurda ligó el natural con dominio y mano baja. El tramo final del trasteo, de rodillas, fue una explosión de pasiones sobre todo cuando remató de la misma guisa con una arrucina imprevista que supo a pura rebeldía. Mató de una estocada levemente caída y ese debió ser el motivo por el que el usía sacó escuadra y cartabón, se olvidó, muy displicente él, de la petición de la segunda de oreja y sobre todo de los méritos del chico que, es evidente, no le debió impresionar.

Polope sacó a pasear su distinción y un sentido del toreo impecable. Con un novillo desabrido y soso, hizo cosas preciosas, mostró pausa y una serenidad impropia en un chico que está llegando. Apostó a valiente cuando se fue a la puerta de chiqueros, tuvo pasajes de pura orfebrería, no se descompuso en ningún momento, estuvo por encima del novillo y lo más importante, cambió los toques con la muleta por suaves esperas en las que con apenas un aleteo de la pañosa conducía el novillejo. Su actuación tiene más valor que la oreja que le concedieron.

Los otros chicos sin estar a la misma altura estuvieron decididos y apuntaron maneras. Jesús Moreno, de Albacete, saludos tras aviso; Jorge Martínez, de Almería, vuelta al ruedo tras aviso; Rafael León, de Málaga, saludos tras aviso; y Emiliano Robledo de Aguascalientes silencio tras dos avisos.