Jesús Duque sale a hombros en Utiel

Jesús Duque, ayer, en Utiel. / carlos alarcón
Jesús Duque, ayer, en Utiel. / carlos alarcón

J. L. BENLLOCH

Ir a los toros en Utiel es devoción de obligado cumplimiento más allá del cartel que este año tenía sus alicientes. La tertulia en torno al olmo del patio de cuadrillas, el más torero de la tierra, el apartado, siempre ambientado, diría que incluso más que la corrida vespertina para desesperación de los empresarios, la comida en el Potajero Chico, donde Carlos hace la mejor olla de la comarca, los amigos, la entrada a la plaza por la calle del Remedio, con la banda, las festeras y los balcones engalanados con cobertores que anuncian fiesta y procesión, los amigos, las profecías toreras, etcétera, etcétera. Así que el que no va se lo pierde más allá de lo que suceda en el ruedo que siempre da para la emoción, la discusión y hasta los abrazos finales cuando surgen las discrepancias como casi le ocurrió a Finito con un espectador que le había afeado su inhibición.

De lo que pasó en el ruedo cabe destacar una corrida de Fuente Ymbro de excelente presentación y escasa suerte. Destacó la calidad del segundo y la hondura embistiendo del cuarto pese a las pocas facilidades que le dio un Finito nada confiado que aún así firmó los muletazos más toreros. Rubén Pinar tiró de oficio y se vio traicionado por la espada, siendo ovacionado en los dos. Jesús Duque abrió la puerta grande, cortó tres orejas, puso animo y tesón en los dos oponentes. Decidido, el año que viene hay que volver.