Jaume Plensa: «Mis esculturas son mensajes en botellas para náufragos»
El escultor catalán lamenta el «ruido social» y «la tremenda polarización político-social actual» | «Valencia necesitaba un centro que impacte y Hortensia Herrero lo ha hecho», destaca el artista que ha participado en los actos del segundo aniversario de la institución de la calle del Mar
La relación de Hortensia Herrero con Jaume Plensa (Barcelona, 1955) viene de lejos. Él fue uno de los artistas seleccionados para exhibir su obra en ... la Ciudad de las Artes y las Ciencias en una serie de tres exposiciones organizadas por la Fundación Hortensia Herrero en 2019. En aquel entonces se exhibieron siete cabezas de siete metros y siete toneladas de peso cada una. Una de las esculturas, 'María', fue adquirida por la fundación y otra, 'Silvia', por Mercadona; ambas se instalaron enfrente del estadio de La Cerámica, en Villarreal.
Ciudades como Londres, Chicago, Nueva York, Miami, Seúl, Singapur, Burdeos o Tokio, entre muchas otras, acogen de forma permanente esculturas monumentales de Jaume Plensa, lo que le ha convertido en uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional. Este miércoles ofreció una conversación con Javier Molins, director del Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH), con motivo del segundo aniversario de la institución cultural.
-¿Cuántas veces has venido al Palacio Valeriola?
-No sé la cifra, pero sí me acuerdo perfectamente de la primera vez que vine, que fue un shock maravilloso porque vinimos toda la familia. No había ni techos, era como una gran ruina maravillosa, romántica, extraordinaria. Entré en el edificio y descubrí el espacio circular donde está ubicada mi obra (en referencia la intervención 'Tempesta') y espontáneamente y desde arribe dije: 'esto parece el ombligo del edificio'. Y me apropié del espacio, del 'melic'. La relación de mi pieza con el inmueble ha sido extraordinaria porque he recubierto la arquitectura del lugar, es una obra que abraza a los visitantes.
-Es la primera obra del CAHH que ve el público. No sé si es una responsabilidad o un orgullo...
-Cuando la hice, no estaba claro por dónde accedería el visitante. Yo vi unas ruinas en aquel momento, que eran muy románticas. Ahora ha adquirido un tono casi como un distribuidor de espacios. Es una fortuna porque 'Tempesta' está en un lugar verdaderamente privilegiado. Y la pieza es muy natural, es decir, se ha integrado perfectamente en lo que es el la ejecución del edificio.
-Esa integración era un objetivo deliberado, ¿no?
-Siempre intento dialogar con el lugar donde va a instalarse mi obra, es como una obsesión. En el CAHH se da la integración más absoluta posible. En este caso ha sido una suerte que he podido trabajar el proyecto desde cero, desde cero arquitectónicamente también porque de verdad que no había techo, no había nada, era como un trozo de pared. El edificio y mi obra han crecido juntos y eso es muy bonito.
-Han pasado ya dos años desde que el CAHH abrió sus puertas. ¿Cuál es su percepción de la evolución del museo?
-Yo creo que Hortensia Herrero debe estar muy feliz y orgullosa de cómo ha ido. Ella está muy valorada como coleccionista de arte. Yo creo que Valencia necesitaba o le hacía falta un lugar como el CAHH, que impacta. En dos años se ha consolidado gracias a un abanico de artistas muy variados.
-La pieza del CAHH se llama 'Tempesta'. El término irremediablemente conduce a la dana.
-Me tengo que disculpar porque en este caso solo puedo hablar desde una posición poética. Shakespeare decía una cosa muy bonita: «Por larga que sea la noche siempre tiene su mañana». Es muy fácil decirlo si no lo has sufrido. El nombre de 'Tempesta' procede del concepto tormenta de ideas, porque el ser humano siempre está en la duda y en la confusión. Introduje el caos de alfabetos de distintas culturas alrededor de las paredes del Palacio Valeriola. Ese era el sentido del título de la obra.
-Las letras de 'Tempesta' están fabricadas en acero inoxidable 314, el mismo que se utilizó en el edificio Chrysler de Nueva York. ¿Por qué le fascina ese rascacielos?
-Fue todo un icono de una época, que representaba la modernidad de alguna manera. Era como trabajar con los materiales más vanguardistas en aquel momento.
-Son letras, las letras forman palabras y estas, a su vez, componen textos. Quizá usted no lo sabe pero este edificio albergó la sede de LAS PROVINCIAS. La información veraz contribuye a tumbar el bulo y despejar el caos.
-Estamos viviendo un momento político-social de tremenda polarización, básicamente por la desinformación y porque se ha llegado a un extremo de utilizar palabras que no significan lo que son. Cuando empecé a utilizar textos en mis obras, yo utilizaba textos como una referencia a la fuerza de la palabra. Lo que nos hace seres humanos, lo que nos hace personas, es la palabra. La escritura es la partitura de nuestra voz. En un momento como el de ahora, es más importante que nunca esta capacidad de generar belleza y tranquilidad. Hay mucho ruido, ruido social. Si todo el mundo grita, vamos a estar en silencio. Mira, acabo de volver de Filadelfia, que han regalado una escultura mía a la Universidad de Filadelfia y estuvimos allí hace dos días inaugurando la pieza, que se había expuesto en la Bienal de Venecia en el 2013. El coleccionista que regalaba la pieza, un hombre de Nueva York, la compró, pero por razones de permisos no se la dejaron instalar en su casa. La guardó en el almacén hasta ahora y la ha regalado donde él estudió. ¡Me hizo una ilusión enorme! ¿Por qué me fascina? Utilizamos poco otras capacidades de nuestro cuerpo para apreciar las cosas. A veces los ojos no es la mejor manera de ver, la boca no es la mejor manera de hablar o los oídos no son la mejor manera de escuchar. Poniendo estas obras en espacios públicos creo que la gente empieza a entender esto, es decir, las esculturas de alguna forma te hablan de un mundo interior distinto. En mi caso, una escultura es una botella con un mensaje, que lanzo y no sé dónde llegará. Y esta pieza yo la tiré en las aguas del canal de Venecia hace 12 años y ahora unos náufragos destaparon el mensaje y lo leyeron. Me produce una emoción maravillosa.
-Me sorprende que se emocione porque en su larga trayectoria habrá vivido este tipo de experiencias...
-Pero nunca es igual, no hay dos esculturas iguales. Las obras acaban siendo experiencias personales. Si tuviéramos ahora todo el día le contaría cosas y cosas y cada una más alucinante. Y esto es la fortuna de mi vida, dedicarme al arte de la forma en la que lo hago, es decir, con mensajes en la botella. Cada proyecto es una aventura inolvidable, porque en el fondo una obra es una excusa para que todo lo que la rodea sea más bello. No es la pieza en sí, la belleza es que emane algo que hace que todo el conjunto sea más bello.
-Con la emoción tan auténtica que emana de sus palabras, una piensa que no va a dejar nunca de lanzar mensajes en botellas...
-Cuando me preguntan, ¿usted cómo empezó? Contesto: 'No empecé, no me di cuenta y ya estaba ello. Fue inevitable'. Igual mi retirada también es así, un día no me doy cuenta y ya no estoy en ello. Yo continúa trabajando y soy de los que creo que la última obra es la más buena y que justifica todas las anteriores. Ahora cada vez más me hacen exposiciones retrospectivas y observo las obras, pienso: 'Pues no estaba tan mal'.
-El edificio del Palacio Valeriola difícilmente puede albergar una de sus rostros monumentales que se instalan en espacios públicos de grandes ciudades...
- La vida nunca es lo que te imaginabas ¿no? El proyecto más bello es el que no te esperabas. es decir, a veces te preguntan, ¿dónde le gustaría poner una escultura? Yo nunca respondo a esto porque los proyectos más bellos han sido en lugares inimaginables. Y yo creo que una de las cualidades del arte es transformar con tu obra un lugar y crear un espacio habitable. Este edificio es angosto y también está bien que no haya ese tipo de esculturas (sonríe)
-La última vez que sus esculturas estuvieron en espacios públicos de Valencia fue en 2019 con el impulso de la Fundación Hortensia Herrero, no por iniciativa de los políticos.
-Fue una iniciativa absolutamente de Hortensia Herrero, que no ha esperado a que el político lo hiciera, lo ha hecho ella. Esta es la gran cualidad de la mecenas, que lo hace ella. Porque a veces los políticos tienen otros problemas y otros mundos para ocuparse y se olvidan a veces de las cosas culturales.
-¿Es ese el mal de los políticos?
-El político tiene como una especie de acuerdo con el sector privado para impulsar iniciativas y a veces aquí nos falta esta iniciativa, ¿no? El privado pueda hacer mucho en el mundo del espacio público, por ejemplo, o en las donaciones a museos, pero a veces el político le da un poco de reparo colaborar con el privado para que después no le digan esto está bien o mal. Es complejo.
-¿Para qué sirve el arte?
- No sirve para nada, pero ahí radica su gran fuerza. Vivimos en un mundo que todo sirve para algo. Todo tiene una función positiva o negativa, pero todo tiene una función. En cambio, el arte, la poesía, la música, la danza, ¿para qué sirve exactamente? Por eso es tan importante, porque el ser humano de alguna forma necesita sentirse generoso. Si necesita sentirse liberado de su funcionalidad. En caso que le he mencionado antes del hombre de Nueva York que ha donado una escultura mía a la universidad de Filadelfia, está regalando algo que no tiene ninguna función, no es un edificio donde vivir, no es un hospital donde curar, no es un coche con el que moverse. Esta es su gran fuerza.
-Le voy a citar tres nombres de artistas valencianos y usted me comenta lo que quiera. El primero, el escultor Miquel Navarro.
-Lo conocí hace muchos años en Madrid, cuando trabajábamos con la galería Vijande, de Fernando Vijande. Fue siempre muy generoso conmigo. Me acuerdo que me invitó a comer en Madrid y sacó una tarjeta oro y me impresionó muchísimo. Yo era muy jovencito y nunca había visto una tarjeta así. Siempre hemos conservado una gran amistad.
-Manolo Valdés.
-Nunca hemos coincidido personalmente. Evidentemente conozco su obra, es un artista internacional que vive en Nueva York. Me interesó desde el principio, cuando formaba parte de Equipo Crónica. Se fue a vivir a Estados Unidos y no hemos coincidido.
-Valencia va a crear un centro de arte en un espacio público para las esculturas de Manolo Valdés.
-No lo sabía. Lo celebro, porque es el gran artista internacional valenciano y Valencia fue su punto de salida.
-Y el último nombre es Santiago Calatrava.
-Nos conocimos en el Instituto Cervantes de Chicago con los entonces príncipes de Asturias. No lo he vuelto a ver nunca. Calatrava es un hombre con mucho peso internacionalmente.
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