Jaume Plensa: «El día que el arte sirva para algo estamos perdidos»

El escultor Jaume Plensa, ayer en Valencia. / Jesús Signes
El escultor Jaume Plensa, ayer en Valencia. / Jesús Signes

«Soy humilde como persona, pero ambicioso como creador», asegura el artista catalán, que expone siete esculturas inéditas en Valencia

CARMEN VELASCOVALENCIA.

«Soy un hombre contradictorio», dice Jaume Plensa (Barcelona, 1955). Siete piezas inéditas y creadas ex profeso para la Ciudad de las Artes y las Ciencias se exhiben desde ayer en Valencia. El escultor catalán busca «crear intimidad en el espacio público». «Cuando la Fundación Hortensia Herrero contactó conmigo dije sí, pero pedí tiempo». Dos años ha tardado Plensa en materializar su proyecto artístico. «Más que ideas tengo intuiciones», asegura. Después de Valencia, el creador inaugurará una exposición en Moscú y trabaja en piezas que se exhibirán en Los Ángeles, Nueva York y Michigan a partir de 2020. «Soy humilde como persona, pero ambicioso como creador», remarca horas antes de la inauguración. Plensa se dedica a «construir invisibilidad con materia». Y lo hace por todo el mundo. No es la primera vez que su obra recala en Valencia. Guarda buenos recuerdos de la exposición que organizó el IVAM en 2007.

-Sus figuras se erigen en la Ciudad de las Artes. ¿Está satisfecho con el resultado?

-Estoy emocionado. Es de las instalaciones más bellas que he hecho nunca. Mis cabezas con ojos cerrados y reflexivas, que se sitúan en la lámina de agua, introducen un elemento íntimo y están situadas delante de esta explosión de luz y triunfo que es el edificio. El lugar pedía a gritos una intervención radical. El agua es el gran espacio público que nos une a todos, es ternura, es unidad, es comunicación.... La Ciudad de las Artes y las Ciencias tiene una escala muy salvaje en el que las personas son como hormiguitas. Yo quería abordar el alma porque el lugar ya habla de otras cosas. Me gusta combinar lo íntimo con lo espectacular.

-Interviene en un edificio muy simbólico...

-La Ciudad de las Artes y las Ciencias es el gran icono de Valencia. Intervenir allí es muy fuerte, pero también habría sido feliz haciéndolo en La Lonja o el Mercado Central, aunque hubiera sido otra exposición distinta.

-¿Ha tenido en cuenta la luz de Valencia para su trabajo?

-Sí, por supuesto. Cuando visité por primera vez el lugar, analicé el rastro del sol durante el día. El pasado martes comprobé que las figuras se tornan rojizas cuando se pone el sol. La luz de Valencia, dura pero con una belleza que lo inunda todo, es la luz del Mediterráneo y por eso hice las figuras oscuras. Creo en el sentido primitivo del ser humano, es decir, evolucionamos pero no perdemos nuestros aspectos más primarios y arcaicos, sino que los hemos ido cubriendo por capa y capas. La Ciudad de las Artes y las Ciencias sería una capa última. Quiero introducir en este ejercicio extraordinario de formas y futuro que hizo Calatrava nuestro aspecto más primigenio. Nuestro punto de salida original siempre es oscuro, está con los ojos cerrados y está meditando la interioridad que a veces ocultamos. Por pudor y por educación nunca hablamos de nosotros. Me gustaría que la gente hablara de sí misma porque cada ciudadano posee belleza en su interior.

-¿Usted se quita capas? ¿Habla de sí mismo?

-Intento no hablar de mí. Trabajo con mis emociones y mis experiencias. Mi obra es una consecuencia de mi vida. No busco ser artista, sino ser persona. Mi obra es una consecuencia de esta búsqueda. Me he hecho autorretratos a través de los otros.

-Sus esculturas son bellas y poéticas. ¿Busca alejarse del arte controvertido?

-Yo busco hablar de las grandes preguntas, de las que nos planteamos generación tras generación. Los momentos políticos son transitorios, las grandes cuestiones son eternas. No rechazo la polémica, pero estoy en otra historia. He estado en países en guerra y no creo que la gente que está viviendo la contienda quisiera un cuadro de guerra, busca otra cosa. Estamos convirtiendo la polémica en una actitud burguesa y no me interesa. La polémica se ha convertido en estilo y yo no creo en esto. Cuando ves una pieza de Fra Angelico te crees que ellos vivían entre palmeras y bebían néctar de los dioses pero el ambiente de la Italia de aquella época era convulso. Yo creo en Fra Angelico. No critico otras estéticas, busco mi mundo interior y con el tiempo la gente me ha ido entendiendo.

-¿Para qué sirve el arte?

-El arte, si es bueno, no sirve para nada; esto es fundamental. El día que el arte sirva para algo estamos perdidos. No tiene ninguna capacidad de beneficio, por eso es importante. Actúa sobre capas de nuestra cabeza sin ningún elemento práctico.

-Expuso en el IVAM en 2007...

-Sí, fue una exposición bellísima. Fue la primera vez que expuse una de las cabezas de malla, que ahora está en un museo de Dallas. También hice una cortina de poesía que cortaba el espacio y que ha sido una de las más bellas que he creado.

-Montreal, San Diego, Chicago, Seúl, Tokio, Miami, Nueva York, Londres, Salzburgo, Liverpool, Dubai... Sus esculturas están en medio mundo y son muy fotografiadas. ¿Cuál es la relación del arte con las redes sociales?

-Yo sólo tengo mail. Las redes son un nuevo lugar donde ocurren cosas. La geografía ha perdido un lugar, aunque la imagen nunca sustituye a la relación física con las cosas.

-Usted anima a que se acerquen a ver sus piezas, pero una de ellas se quedará en Valencia.

-Serán dos, pero no sé cuáles. Es importante resaltar que la Fundación Hortensia Herrero no sólo ayuda a hacer una exposición sino que deja un legado en la ciudad. Nos harían falta más fundaciones como esta. Trabajo mucho en Estados Unidos y allí se ha sabido crear condiciones para que lo privado ayude a lo público. En España no lo acabamos de entender y a los políticos les cuesta asumir que la sociedad ha de intervenir en todo, sobre todo en la cultura.

-Su nombre no suele figurar en las subastas...

-Soy escultor y es raro que un escultor protagonice las pujas. Tengo una vida de proyectos, exposiciones y coleccionistas más amplia de lo que puedo abarcar. Las subastas no representan el mundo del arte; a veces se confunde. La subasta, que es un mundo de ensoñaciones y negocio, tiene un punto poético. ¿Qué hay en la vida que se pueda multiplicar de esta manera a nivel de precio? Nada. A veces se confunde el precio con el valor.

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