La editorial valenciana Alupa cierra tras nueve años de trayectoria

El sello, especializado en teatro, pone fin a «un proyecto que no es viable»

LAS PROVINCIAS

«Hay pocos lectores de teatro, como tampoco hay muchos de poesía. Pero es una apuesta necesaria. Sé que conlleva un riesgo editorial». Las palabras pertenecen al editor de Alupa, Robert March, la editorial valenciana más y mejor apostó por dar una segunda revisión a las obras de teatro. Así se expresó March en un reportaje en LAS PROVINCIAS de diciembre de 2017. Un año después la realidad de Alupa, que nació en 2010 de mano Rosa Sanmartín, es otra. «Os anunciamos que, después de pensarlo mucho, hemos decidido cerrar». La editorial valenciana Alupa comunicó ayer a través de un mensaje en redes sociales el final del proyecto.

«La decisión no ha sido nada fácial, pero la realidad nos ha puesto los pies en el suelo y nos ha hecho que el proyecto, tal y como está planteado hoy en día, no es viable por diferentes razones», señala el sello valenciano en Facebook.

«Para nosotros ha sido una experiencia fascinante, hemos aprendido muchísimo y hemos disfrutado trabajando codo a codo con los autores y autoras», añade la editorial.

En el catálogo de Alupa se puede encontrar la traslación a papel de algunos de los mas recientes montajes de la cartelera valenciana. 'L'alegria està açí dins', de Guadalupe Sáez, que se representó en la Sala Ultramar; 'La batalla vital', de Néstor Mir, que se representó en la Rambleta; 'I tornarem a sopar al carrer. Una indígena els va guiar a través de les muntanyes', con los textos de Begoña Tena y Xavier Puchades; y 'Querencia. Los esperantistas', de Paco Zarzoso, y 'El teatre açí i ara', una recopilación de las reflexiones de más de una veintena de dramaturgos valencianos como Javier Sahuquillo, Sònia Alejo, Jerónimo Cornelles, Mafalda Bellido, María Cárdenas, Nacho López Murria, Manuel Molins, Gabi Ochoa o Jaume Policarpo, entre otros, con prólogo del crítico teatral de este diario, José Vicente Peiró.

La editorial no distinguía entre textos en castellano o valenciano. «Editar este tipo de obras es algo transgresor», confesó March en el citado reportaje.

La clausura de negocios culturales en Valencia parece no tener fin. El pasado noviembre cerró la gastrolibrería Muez incrementándose así la lista de comercios valencianos que bajan la persiana, como la librería Leo, las salas Aragó Cinema, la sala Zircó, Microteatro y la discográfica Mésdemil, entre otros.