La moda de disfrazarse como personajes de cómic se hace fenómeno

La moda de disfrazarse como personajes de cómic se hace fenómeno

El 'cosplay', la moda de disfrazarse de personajes de cómic, se ha convertido en un fenómeno cultural

JAVIER GUILLENEA

La americana Meagan Marie es famosa no por ser ella sino por ser otras, pero no es actriz. Ha sido Wonder Woman, Catwoman, Lara Croft, Hiedra venenosa y la princesa de Persia; se ha puesto en la piel de una larga nómina de seres ficticios, y no lo hace nada mal. Su habilidad para disfrazarse la ha convertido en una de las 'cosplayers' más conocidas del mundo.

Junto con personajes como Jessica Nigri, Tasha, Leon Chiro o Alyson Tabbitha, Meagan Marie pertenece a una constelación de ídolos que reinan en el 'cosplay', un universo de colores poblado de frikis o de artistas, según el punto de vista de quien mire. Los habitantes de esta realidad paralela en la que uno puede cruzarse sin complejos con la princesa Zelda, Super Mario o Daenerys Targaryen son cada vez más, forman parte de una corriente que, desde Japón, se ha extendido por todo el planeta.

El origen de la palabra es la unión de los términos ingleses 'costume' (disfraz) y 'play' (jugar). Este nuevo concepto, acuñado en 1984 por el japonés Nobuyuki Takahashi, define una moda que consiste en disfrazarse de la manera más fidedigna posible de un personaje del manga o el anime japonés, el cómic, el cine o los videojuegos. Pero no se trata únicamente de calzarse unas mallas de Batman, porque para eso están los carnavales. El 'cosplayer' va más allá y trata de imitar los movimientos de su héroe, su forma de hablar y hasta su manera de pensar. No es cuestión de parecer, sino de ser.

No se trata sólo de calzarse unas mallas. Hay que ser como el personaje

El movimiento tiene sus leyendas. En 1908, el americano William Tell se disfrazó de míster Skygack, el marciano protagonista del primer cómic de ciencia ficción de la historia. Tell acudió a un baile de máscaras junto a su esposa, que asistió ataviada de Diana Dillpickles, otro personaje de cómic, y ganó el primer premio. Dos años después, otro americano, Otto James, tomó prestado el disfraz de una amiga y salió vestido de antropóloga alienígena por las calles de Tacoma, su pueblo. Su intención era la de promocionar su pista de patinaje sobre hielo, pero la Policía no lo entendió así y detuvo al visitante de otros mundos. Fue el primer mártir del movimiento.

Pese a que no están catalogados como 'cosplay', estos casos constituyen una prueba documentada de los primeros escarceos de personajes ficticios en el mundo real. Los héroes de los cómics habían comenzado a llamar a la puerta para salir de su universo de papel y no pararon de hacerlo hasta conseguir entrar.

Con capa verde

Lo lograron oficialmente en 1939. Ese año se celebró en Nueva York la primera Convención Mundial de Ciencia Ficción, que se hizo famosa porque dos de sus invitados, Forrest Ackerman y su novia Myrtle Douglas, se presentaron vestidos con trajes futuristas. Sus atuendos, que incluían una capa verde, causaron sensación.

Técnicamente, el 'cosplay' nació en Estados Unidos, pero fue en Japón donde se hizo mayor. En los años setenta del siglo pasado, mientras los americanos se adentraban en los recovecos de 'Star Trek' y 'Star Wars', en el mercado de cómics de Odaiba, en Tokio, el manga y el anime fueron los caldos de cultivo de una moda que no ha dejado de crecer entre los japoneses.

El 'cosplay' es hoy un fenómeno cultural, una manifestación artística que va más allá del mero hecho de disfrazarse y que mueve cantidades millonarias. Sus estrellas son contratadas para acudir a presentaciones de videojuegos o estrenos de películas, venden sus propios productos y algunas trabajan en exclusiva para grandes empresas. En 2010, uno de estos ídolos, Jennifer Alice, proclamó el 27 de agosto Día Internacional del Cosplayer. Desde entonces, miles de superhéroes participan esa jornada en concentraciones multitudinarias en ciudades como Tokio y Washington. Cada 27 de agosto, invaden el planeta.