Muchos cambios de apoderados

Aunque las alturas del escalafón -el caso Talavante ya queda lejos- siguen leales a sus últimos gestores, o eso parece, el invierno taurino trae un trasiego grande de cambios de apoderado y de cuadrillas. Todos se hacen de común acuerdo o eso aseguran los comunicados tan de moda en el toreo actual. Álvaro Lorenzo, una de las revelaciones del año, abrió la puerta grande de Madrid, se desligó de Nemesio Matías, con el que hizo su mejor temporada, y ha hecho público su nuevo compromiso con Fernando Lozano, que vuelve a residir en España. Se da el caso curioso que desde sus comienzos y hasta la temporada anterior Lorenzo estuvo apoderado por la familia Lozano. O sea, es como si volviese a casa. Rubén Pinar rompió con Manuel Amador y seguirá con su hermano. El francés Juan Leal le ha dado poderes a Julián Guerra, especializado en relanzar toreros. El rejoneador Leonardo Hernández ha firmado con el empresario-apoderado Alberto García, que ya apoderaba a Emilio de Justo. Ortega Cano ha roto con el portugués Diego Peseiro. César Jiménez, que incluso retirado mantiene el récord de salidas a hombros consecutivas como matador en Valencia, se ha desligado de Francisco José Espada.

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