Bibliotecas bajo mínimos

Una mujer busca libros en una biblioteca. / Irene Marsilla
Una mujer busca libros en una biblioteca. / Irene Marsilla

El colegio profesional pide a los políticos mayor compromiso con los centros de lectura para adaptarlos a los nuevos tiempos y necesidades Los gestores de los espacios culturales reclaman más personal y presupuesto

LAURA GARCÉS VALENCIA.

Los bibliotecarios y las bibliotecas se reivindican. Están bajo mínimos. Escasea el personal y el presupuesto no anda muy sobrado, algunos de estos espacios ni siquiera lo tienen para atender el servicio que prestan. Desde espacios habitualmente vinculados al silencio se ha alzado la voz en busca de visibilidad. Quieren que los ciudadanos, pero sobre todo los políticos, les escuchen, les conozcan porque hoy ni las bibliotecas, ni los profesionales que las atienden son lo que eran. Corren nuevos tiempos a los que hay que dar respuesta y para ello se impone cumplir unas exigencias básicas a las que no se llega en la Comunitat Valenciana.

«Queremos que se sepa que hay mínimos a los que no llegamos. Hay bibliotecas públicas valencianas que no tienen ningún presupuesto. Las bibliotecas no son un gasto, son una inversión en la comunidad», manifestó Alicia Sellés, presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Archivos, Bibliotecas y Documentación y Museos (Fesabid). Esta entidad y el Colegio Oficial de Bibliotecarios y Documentalistas de la Comunitat Valenciana (Cobdcv) han impulsado el programa 'Biblioteques inquietes', iniciativa que persigue constituir un movimiento que acabe con los estereotipos que acompañan a la actividad de las bibliotecas.

La presentación de este programa sirvió ayer de escenario a los bibliotecarios para dar a conocer las reivindicaciones de este sector que reclama más personal y mayor dotación económica. Pero no sólo eso. Amparo Pons, presidenta del Cobdcv, puso sobre la mesa otra demanda cuando afirmó que echa «mucho en falta una política bibliotecaria». A su juicio la Administración debe tener claro qué busca, «qué nivel de compromiso tiene, qué quiere que sean las bibliotecas». Sobre esa reflexión aseguró que «tal vez caerá en saco roto, o no, pero es necesaria».

La representante de los profesionales echa en falta «una política bibliotecaria»

Pons insistió en la escasez de personal y lamentó que «ahora mismo no tenemos estudios del impacto que realmente están teniendo las bibliotecas. No disponemos de un mapa de estos centros».

La presidenta del colegio añadió que hasta ahora no habían «movilizado» a los profesionales que atienden estos espacios para que con sus planteamientos «vayan al concejal y le digan esto es una biblioteca». Ya han dado un paso importante, que se ha traducido en un manifiesto en el que dejan claro que muchas de las exigencias que contiene la ley de bibliotecas de la Comunitat Valenciana marca unos mínimos que «muchas veces no se están cumpliendo por ayuntamientos e instituciones responsables». El documento destaca también el deber de «exigir servicios profesionales y de calidad».

Pero hay más. A juicio de las entidades impulsoras de la iniciativa y del manifiesto son necesarias bibliotecas «más ambiciosas» para dar respuesta a la demanda de este servicio en un entorno social que cambia, circunstancia que obliga a que lo hagan los espacios que hasta ahora se destinaban únicamente a la lectura. Quieren ser «faro que guía» y «espacio de libertad», como traslada el cartel diseñado por Patricia Bolinches para la ocasión.

En la presentación de 'Biblioteques inquietes', las entidades promotoras aclararon que los usuarios no descienden. Sí que se ha reducido el número de los préstamos de libros, pero al mismo tiempo ha aumentado el de la búsqueda de recursos digitales. De ahí que 'Biblioteques inquietes' quiera hacer hincapié en la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Sellés habló de que junto al modelo tradicional, las bibliotecas se tienen que convertir «en centro de la comunidad, como motor». Recordaron que muchos de estos espacios culturales cuentan con talleres de aprendizaje para salvar la brecha digital, así como en otras materias para ayudar a la sociedad sumando valores a los que siempre han tenido.

El manifiesto de la iniciativa se puede firmar a través de la web de 'Bibioteques inquietes'. Ayer lo hizo la directora general de Patrimonio, Carmen Amoraga. También ha apoyado el escrito el presidente de la Generalitat, Ximo Puig.