El amigo americano de Guibert

El amigo americano de Guibert

El dibujante francés reúne en un libro los recuerdos de guerra de Alan Cope | La novela gráfica no tiene nada de hazaña bélica sino que narra la vida de un individuo en las ocupaciones cotidianas del ejército

JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑUVALENCIA.

Emmanuel Guibert (París, 1964) cuenta que conoció a Alan Ingram Cope (1925-1999) por casualidad, al abordarlo en la calle para pedirle orientación durante su primera visita a la isla de Ré, en 1994. Aquel encuentro casual entre el joven dibujante y el jubilado norteamericano de 69 años señaló el inicio de una amistad que se extendió durante los cinco años que a este le quedaron de vida.

«A él se le daba bien hablar, a mí, escuchar», explica Guibert, al que conmovió el acento de verdad de las historias que Cope engranaba al hilo de sus recuerdos. Un día, le propuso colaborar los dos y convertir dichos recuerdos en cómic. Puestos de acuerdo, comenzaron a grabar sus conversaciones, intercambiaron precisiones por carta, reunieron fotografías y documentos.

Alan llegó a ver las primeras páginas dibujadas por Guibert, publicadas en la revista de la editorial L'Association, pero murió antes de que se editara el primer libro. Tras su muerte, Guibert prosiguió la tarea y hasta el momento ha firmado los tres volúmenes de 'La guerra de Alan' (publicados entre 2003 y 2008), 'La infancia de Alan' (2013) y 'Martha y Alan' (2018). La reedición ahora de 'La guerra de Alan' en un solo volumen (Salamandra Graphic) permite apreciar los méritos de una obra que definió la madurez de un autor de elegancia singular.

Guibert dibujó los recuerdos de guerra de Alan con un trazo rigurosamente decantado, que reduce las figuras a unas escuetas líneas o manchas imprescindibles. Aunque las completa con el uso de grises, que aproximan sus viñetas a las fotografías de la época, habitualmente despeja los planos, de modo que los personajes y objetos se mueven a menudo sobre fondo blanco o negro.

Guibert ha convertido en característica esencial de su estilo esa depuración del dibujo, que apuesta toda su significación al trazo esencial y, por lo mismo, dota a este de insólita elocuencia. Sus páginas, que en 'La guerra de Alan' compone como variaciones de una flexible rejilla de tres por dos viñetas, parecen siempre nítidas y expresivas. Claro que se apoyan en el acierto con que representa actitudes, gestos, acciones de sus figuras, siempre vivas y dotadas de presencia física.

El dibujante relaciona dicha decantación del trazo con la índole del relato que ofrece la obra. 'La guerra de Alan' recoge recuerdos personales, que dependen por definición de una perspectiva y de unas emociones singulares, que seleccionan, dan forma y sentido. La importancia concedida al espacio en blanco en la gramática gráfica del libro contribuye a reflejar la naturaleza de los recuerdos que lo integran.

Sin explicación

El título que Guibert puso al libro, 'La guerra de Alan', declara que el relato sigue estrictamente a su protagonista. El subtítulo, 'Según los recuerdos de Alan Ingram Cope', subraya dicha perspectiva. Los dos autores no pretendieron narrar la guerra, mucho menos explicarla, sino rememorar la experiencia que de ella tuvo Alan, tal como la recuerda cincuenta años después.

La voz de Alan conduce el relato en todo momento, al modo casual de las conversaciones entre amigos. Cuenta, remite a lo ya narrado o anuncia que más adelante hablará de este o aquel personaje. No faltan titubeos ocasionales, olvidos luego remediados, confirmaciones de lo ya insinuado, que acentúan el carácter de rememoración personal de todo el relato. Tampoco faltan las dudas al traer a colación actos o decisiones de cuya rectitud no está seguro.

Guibert inicia el relato de los recuerdos de Alan con una página sobre el ataque a Pearl Harbor. Alan, entonces un muchacho de dieciséis años, repartía periódicos en Pasadena y se dio cuenta de que aquella noticia causaba conmoción, pero no comprendió que iba a cambiar su vida. Cuando cumplió 18 fue movilizado.

'La guerra de Alan' no tiene nada de hazaña bélica, ni pizca de grandeza épica o de heroísmo. Es la vida de un individuo que conoce el acuartelamiento, la instrucción, los traslados, los tedios y las ocupaciones cotidianas en el ejército. Su historia apenas alude al combate y cuando recuerda algo al respecto, resulta anodino: su principal hecho de armas es un cañonazo que dispara contra una cabaña vacía.

Incluso la cronología de su relato lo aleja del campo de batalla. Las tres partes en que está organizada la obra están dedicadas sucesivamente a narrar la vida en los cuarteles domésticos, la campaña europea tras su arribada a Francia en febrero de 1945, el día que cumplió veinte años, y la posguerra. Alan recuerda cómo vivió aquellas circunstancias y deja ver su bonhomía y su calidad humana.

Las suyas son historias de vida cotidiana, que se fijan en los nuevos lugares que conoce y en las nuevas relaciones que establece, y están pobladas de individuos con que se topó y por los que sintió aprecio. Componen el paisaje humano de la obra sobre todo otros reclutas y soldados y los civiles que conoce en Alemania durante la ocupación y en la Francia de posguerra. Alan recuerda amistades nacidas al azar de los encuentros, recuerda sus tentativas de reanudar relaciones interrumpidas por la distancia, recuerda incluso sus esfuerzos por traer a la memoria personas, situaciones, palabras.

'La guerra de Alan' es un canto a la amistad por encima de fronteras, edades, creencias. La que tendió puentes entre un joven soldado y las personas que se encontró por culpa de una guerra en tierra extraña y la que embarcó a un jubilado norteamericano y un dibujante francés en el proyecto de traducir en viñetas los recuerdos del primero.

Las tres últimas páginas del cómic modifican las formas que rigen las precedentes. La voz de Alan llega al término de su relato sobre imágenes en luminosos colores del huerto y la cabaña en que los dos amigos se sentaban para organizar las historias. Es ahora Guibert quien evoca el lugar de sus charlas con el amigo americano, los objetos y la emoción que los rodearon. Es su memoria viva de aquella amistad.