Los que vigilan los museos

Aparte de los seguridades y auxiliares de sala, los centros cuentan con cámaras de vigilancia y alarmas y se realizan rondas las 24 horas del día. :: efe/
Aparte de los seguridades y auxiliares de sala, los centros cuentan con cámaras de vigilancia y alarmas y se realizan rondas las 24 horas del día. :: efe

Guardias de seguridad, auxiliares de sala y conserjes relatan su día a día en las pinacotecas

NOELIA CAMACHO

valencia. Cuando el IVAM echa el cierre a última hora de la tarde, José López, o cualquiera de sus compañeros del departamento de seguridad, realizan las pertinentes rondas nocturnas por el museo. No hay visitantes, tampoco trabajadores, pero el alto valor de las piezas que se atesoran en el centro de artes valenciano obliga a ser riguroso con la seguridad. A falta de apenas unos días para que se celebre el Día Internacional de los Museos, LAS PROVINCIAS ha pedido a vigilantes, conserjes y demás trabajadores de los museos que relaten su día a día en varias pinacotecas valencianas.

López es el guardia más veterano del IVAM. Este vigilante del museo lleva desde el día en que el centro expositivo abrió sus puertas, en el año 1989, custodiando que todo funcione correctamente en la pinacoteca valenciana. Además, es todo un experto en arte contemporáneo. Algunos dirán que «nobleza obliga», aunque antes de llegar al centro de artes valenciano ya cultivaba una desmedida pasión por la pintura y el dibujo. Sin embargo, en estos 25 años, López ha hecho algo más que vigilar que todo funcionara a la perfección. Se ha encargado de pasear por las salas, realizar las rondas por la noche y, además, compartir visitas guiadas con los responsables de IVAM.

Asegura que ser guardia de seguridad en un museo no es lo mismo que desarrollar el trabajo en una sucursal bancaria. «Aquí no se nos ve como el típico 'segurata', sino que la gente es consciente del lugar en el que se encuentra. Aunque incidentes siempre hay. Por eso, los guardias que suelen custodiar las salas tienen una personalidad más amable. Es complicado trabajar de cara al público», lamenta. En casi 30 años de oficio, anécdotas hay muchas. Como por ejemplo, ver que algún compañero se llevaba algún objeto de una sala pensando que alguien lo había perdido y alertarle de que era una obra de arte. «Es lo que tiene el arte contemporáneo. Al principio impacta, pero luego aprendes a apreciarlo», afirma. De su trabajo diario no le molesta nada. Salvo una cosa: que los padres o profesores que acuden acompañando a los más pequeños les amenacen con que el de seguridad «les va a encerrar». «Yo siempre les digo que estén tranquilos, que el vigilante está para ayudarles y ser su amigo, no para castigarle», cuenta mientras bromea con la exclamación que más veces escucha de boca de los niños: «lleva porra».

Esperanza Fernández es, desde hace nueve años, auxiliar de sala en el Centro del Carmen, dependiente del Consorcio de Museos. En el momento en el que relata su día a día se encuentra trabajando en el espacio que, en estos momentos, ocupa la exposición 'Sorolla. Apuntes en la arena'. «¿Cómo no vas a disfrutar con este trabajo si te rodeas de estas maravillas?», confiesa. Coincide en que apenas se viven incidentes en el museo. «Sólo alertamos de que no se pueden hacer fotos. Algunos visitantes se extrañan, pero luego lo entienden, antes, incluso de que les digamos que no pueden acercarse», relata. Aunque con motivo del Día de los Museos, una actividad permitirá tomar imágenes en el centro.

Además, revela que está pensando en apuntarse a la Universidad Popular para cursar estudios de Historia del Arte. «Tengo que esperar a cumplir 55 años, pero ya me he informado para poder hacerlo. Trabajar aquí es un privilegio y te despierta las ganas de aprender», afirma.

Uno de los museos más singulares de la ciudad es L'Íber de los soldaditos de plomo. En el centro no hay guardias de seguridad como tales. Son los propios trabajadores los que custodian y salvaguardan que todo esté en su sitio. Es el caso de Javier Cuenca, que lleva cinco años coordinando desde las redes sociales, los actos que acoge el museo y hasta la supervisión de las salas. «Colaboramos todos en todo», asegura. Sin embargo, relata que más que vigilantes son informadores. Lo que sí es cierto es que deben emplearse con mil ojos cuando el museo alquila sus instalaciones. «En el momento en el que entre en juego el alcohol, debemos estar vigilantes. Nunca ha ocurrido nada. Pero para eso estamos nosotros», asevera.

En el Museo de Bellas Artes San Pío V, Manoli Salinas es de las primeras que llega. Es conserje desde hace unos seis años y, asegura, se sabe el museo casi de memoria. «Si me preguntan dónde está el autorretrato de Velázquez, les indicó la sala», afirma. Una de sus primeras tareas es la de supervisar cada mañana que todo esté en su sitio.

El secreto de la seguridad

Los responsables de las pinacotecas valencianas son reacios a hablar del tema de seguridad. En el pensamiento de todos ellos se encuentra el hecho de evitar cualquier incidente o robo que pueda desarrollarse en sus instalaciones. El trabajo de los profesionales no sería efectivo si, tras él, no hubiera ciertos protocolos y programas que ayudaran al control de que todo esté en su sitio.

En el IVAM, y así lo explica José López, la seguridad se divide entre los vigilantes armados y en los que no. Ocurre en el resto de espacios expositivos que custodian obras de arte de enorme valor. «La legislación ha ido cambiando», asegura López para relatar que en los primeros años del IVAM no existían vigilantes de sala. Pero, y en eso coinciden en todos los espacios, ahora hay instaladas alarmas, cámaras de seguridad que graban las 24 horas del día y sistemas antiincendios.

En el San Pío V, un fallo en la seguridad, concretamente en una cámara desconectada, se saldó con un robo de obras de arte el verano pasado. No eran piezas de mucho valor, se escudaron desde las Conselleria de Cultura, aún así, el hecho evidenció que la vigilancia había fallado. Desde el museo relatan a LAS PROVINCIAS que se ha solucionado el problema y que la vigilancia funciona a pleno rendimiento. Esa cámara ha vuelto a estar operativa y nada debería enturbiar la seguridad de ese centro, ni la de ninguna otra institución artística de la ciudad.