El renacer de la Capilla Sixtina valenciana

El renacer de la Capilla Sixtina valenciana

La rehabilitación saca a la luz los impresionantes frescos de Dionís Vidal ideados por el maestro Antonio Palomino

NOELIA CAMACHO

Este es el templo de «la fe y la creatividad». El párroco de la iglesia de San Nicolás y San Pedro Mártir de Valencia, Antonio Corbí, describió ayer la renovada imagen de la parroquia situada en el barrio del Carmen. Pero fueron más los adjetivos que resonaron entre aquellos que pudieron ser testigos del esplendor que ahora presenta la parroquia. «Es impresionante», se oyó decir a muchos de los que allí acudieron para observar el impresionante trabajo que, durante tres años y con un coste de 4,7 millones de euros, ha sido desarrollado por el arquitecto Carlos Campos y la catedrática e investigadora de la Universitat Politècnica de València, Pilar Roig. Fue precisamente ella la que enunció la mejor de las apreciaciones. «¡Viva la Capilla Sixtina valenciana!» fue el mensaje que el restaurador Gianluigi Colalucci, el especialista encargado de la rehabilitación de la obra magna de Miguel Ángel, le trasladó para celebrar la apertura al público del espacio. Colalucci estuvo hace unos meses en Valencia para colaborar en el proyecto. La catalogación como 'Capilla Sixtina valenciana' no nace sólo de su espectacular belleza. Los frescos realizados por Dionís Vidal bajo las indicaciones del maestro Antonio Palomino -autor de la cúpula principal de la Basílica de la Virgen de los Desamparados- tienen un tamaño de 1.900 metros cuadrados, el doble de la extensión de la obra vaticana.

Pero la belleza barroca de la parroquia fue desapareciendo a lo largo de los siglos. En 2001, Hortensia Herrero se enamoró de la iglesia. Comenzaron a rehabilitarse los cerramientos de las ventanas. Después llegaría la restauración de la fachada. El amor por esta joya que aúna el gótico y el barroco fue creciendo hasta el punto de que la Fundación Hortensia Herrero decidió invertir para recuperar las pinturas góticas que Vidal realizó bajo las indicaciones de Palomino. Los 'guardianes de la belleza', en palabras del Corbí, que han trabajado durante tres años sin descanso y «en un tiempo de récord», según Roig, para devolver la luz a la maravillosa Iglesia. Sin embargo, el proyecto requirió de un estudio pormenorizado, de análisis e investigaciones con georradar para poder recuperar los frescos.

Cabe resaltar que el origen de San Nicolás se remonta a una iglesia gótica levantada en el siglo XIII y que formaba parte de las denominadas primeras doce parroquias cristianas de la ciudad de Valencia. El primitivo edificio fue reformado a iniciativa de la familia Borja en estilo gótico entre 1419 y 1455. La iglesia constituye un claro ejemplo de transformación, pues conserva visualmente a estructura gótica pero está totalmente revestida con una profusa decoración gótica añadida en el siglo XVII.

Tal y como explicó el arquitecto, «la imagen de la parroquia de San Nicolás y San Pedro Mártir puede resultar engañosa. Las virtudes y alegorías de su bóveda pueden darnos una sensación equivocada, pero están sustentadas sobre una estructura severa del siglo XIII», dijo Campos. Las tareas en materia de arquitectura han servido para «curar las heridas que el tiempo y los hombres han ocasionado a San Nicolás», contó el experto y resaltó que la intención de esa parte del proyecto era la centrar los esfuerzos en los puntos que presentaban mayores deformaciones y en acabar con las humedades que podían poner en peligro el legado artístico. Solventados los problemas estructurales y de grietas, continuó el trabajo de restauración de los impresionantes frescos, unas obras que reproducen la vida tanto de San Nicolás como de San Pedro Mártir.

Así que, como desveló Roig, el tratado 'El museo pictórico y escala óptica' del propio Palomino, en el que describe la idea para la pintura de la Iglesia y que ofrecerá a su discípulo Dionís Vidal ha servido para marcar las claves temáticas y cromáticas de lo que iba apareciendo en el impresionante mural. De ahí que la palabra pionera fuera la elegida por los especialistas para describir las herramientas y las nuevas tecnologías utilizadas para recuperar los frescos de Vidal. El láser y la biolimpieza con bacterias, una técnica inocua que no daña el medio ambiente, han servido para eliminar suciedades difíciles de quitar de la superficie pictórica. Pero además, la manera en la que se han sustituido algunas partes de la obra de Vidal que habían desaparecido se ha hecho bajo la premisa de no realizar falsificaciones históricas. Según resaltó Roig, el público no puede apreciar que las partes que se han tenido que rehacer se han realizado bajo técnicas reversibles, en las que no se altere el espíritu original de la bóveda. «Pretendemos que se sepa que es moderno, no hemos querido falsear la obra», aseguró.

Expertos de todo el mundo y representantes de universidades de Italia, Francia, Malta y Suiza se han interesado por estos avances. Tal es así, contó la experta, que muchos de ellos demandaban poder hacer prácticas durante el proceso. Por ello, este proyecto «ha abierto caminos», afirmó Roig, quien no dudó en desvelar los secretos escondidos tras siglos de suciedad y modificaciones. Es un hito, resaltó, porque «ningún ser humano vivo había podido ver hasta la fecha lo pintado hace siglos», manifestó. Un camino lleno de sorpresas en el que, detrás de una pared blanca, apareció una pintura mural situada sobre el dintel de la puerta oeste y en el que, en un momento determinado, apareció una mano. «Fue emocionante», confesó la especialista, para quien fue esencial seguir las directrices del manual dejado por Palomino, en el que se siempre aparecen elementos como la recreación de Calixto III o la Santa Madre Iglesia, representada en la imagen de una matrona.

Ahora, el esplendor barroco ha sido devuelto no sólo a la bóveda sino también a las capillas. «Le hemos devuelto la unidad», dijo Campos. También las vidrieras y las ventanas han sido rehabilitadas. El sistema de iluminación también ha sido renovado. Y, como quiso destacar el padre Corbí, la restauración ha logrado que una de las joyas del renacimiento como la tabla de Rodrigo de Osona, propiedad de la Iglesia de San Nicolás que se encontraba oculta por razones de seguridad, haya podido ser instalada en la capilla de la pila bautismal para que también pueda ser disfrutada.

Aunque el trabajo no ha terminado. «No nos vamos de la iglesia. No cerramos la puerta y decimos adiós», confesó Pilar Roig. Para ello, se ha instalado un sistema de motorización para detectar posibles problemas de humedad o temperatura.

Para Elena Tejedor, de la Fundación Hortensia Herrero, la restauración de la iglesia «pone a Valencia en el mapa» y sirve de revulsivo no sólo para que se acerquen a contemplar este tesoro los valencianos sino también los turistas que lleguen a la capital.

«La Iglesia de San Nicolás y San Pedro Mártir es uno de los corazones de Ciutat Vella», aseveró el padre Corbí. Un corazón que vuelve a latir con fuerza para poner de relieve el extenso y rico patrimonio que conserva esta ciudad y que no deja de sorprender.

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