Orquestas unidas pero sin fusionarse

Orquestas unidas pero sin fusionarse

Las formaciones del Palau y de les Arts barajan hacer espectáculos conjuntos sin perder su independencia

CARMEN VELASCOValencia

La Orquesta de Valencia (OV) nació para adentro. En cambio, la Orquesta de la Comunitat Valenciana (OCV) lo hizo para fuera. La primera, que se creó en 1943, se nutrió de músicos valencianos y cubrió la demanda sinfónica del limitado público melómano de la época. No fue hasta la creación del Palau de la Música (1987) cuando la formación lideró la afición por la música clásica en la ciudad. La OV contribuyó a extender la pasión por Mozart, Beethoven y Strauss en la ciudad del Turia, a educar a los vecinos ante los compositores clásicos y a dar oportunidades a los músicos valencianos. Se fundó para Valencia, para público de aquí y con intérpretes del territorio. Luego creció, se internacionalizó y se midió ante orquestas extranjeras para deleite de la ciudadanía. A partir de 2006 a la OV le surgió una rival en campo propio. Ese año se fundó la Orquesta de la Comunitat Valenciana, de la mano de Lorin Maazel, con una plantilla de músicos extranjeros y con el objetivo de ganarse el aplauso de los melómanos de todo el mundo. Y lo logró. En pocos años se labró los adjetivos más generosos de crítica, público y maestros, que hablaban de la formación titular del Palau de les Arts como una de las mejores orquestas de Europa y del mundo.

De 2006 a 2014, las orquestas valencianas fueron adversarias culturales. Competían por el público, rivalizaban por los integrantes (hubo trasvase de músicos entre las formaciones), pugnaban por el presupuesto público y de los patrocinadores La crisis las igualó en problemas, contratiempos y dificultades. Y el cambio político, tras el vuelco electoral, viene a allanar el camino de ambas instituciones culturales para no darse la espalda.

La nueva hoja de ruta pasa no sólo por la máxima colaboración entre las orquestas, como avanzó LAS PROVINCIAS, sino por el trabajo conjunto de ambas, algo impensable cuando Mayrén Beneyto y Helga Schmidt estaban al frente del Palau de la Música y de Les Arts, respectivamente. Ahora se palpa otra sintonía y buena disposición entre los coliseos. Un ejemplo reciente: el pasado 8 de octubre ambos programaron un concierto en prácticamente el mismo horario. Manuel Muñoz y Davide Livermore hablaron días antes de su celebración para evitar que coincidieran en hora las dos citas musicales. El Palau lo adelantó y Les Arts lo retrasó. Las negociaciones entre ambos son fluidas e incluso han convenido que las orquestas participen conjuntamente en espectáculos, pero falta por concretar las piezas y el calendario. El auditorio municipal asume que apenas ofrecerá óperas en versión concierto dentro del abono (como mucho un título) para no pisar el terreno de Les Arts. Los dos auditorios no ocultan su valencianía. Quieren atraer a los músicos valencianos en el extranjero (como Ramón Tebar, director invitado del Reina Sofía) y vincularse con el tejido musical valenciano (a través de las bandas). En este punto, ambos centros coinciden en que no pueden estar de espaldas a la sociedad de Valencia.

Muñoz y Livermore se esfuerzan por mantener la identidad de las formaciones y por separar el repertorio sin descuidar los gestos a la ciudad. Buscan un equilibrio cultural que les permita mantener las distancias porque son conscientes de que ninguna orquesta tiene garantizado su futuro.

Aún así, los nuevos gestores no quieren saber nada de unificación de orquestas. Es una opción no deseable con la que no comulgan pese a que la situación económica es delicada. La fusión de ambas formaciones valencianas es una idea que circuló durante la última legislatura del PP y no se ha silenciado del todo. El debate dos orquestas y dos palaus sigue vivo, pero sólo las cifras avalan la posible unificación de las formaciones.

La fusión exigiría tiempo e ingeniería burocrática. La OV depende del Ayuntamiento y algunos de sus integrantes son funcionarios, frente a la OCV que depende de una fundación adscrita a la Generalitat. Si una de las dos formaciones desapareciera, un auditorio quedaría huérfano de orquesta titular y, por consiguiente, sería un contenedor cultural vacío sin más.

Presente y pasado

La OV nació en la precariedad, sin sede fija para los ensayos, sin programación regular, sin espacio para guardar los instrumentos... La institución musical históricamente ha sorteado todo tipo de vicisitudes y problemas que han hecho temer por su futuro, aunque ahora nadie o muy pocos se imaginen que la ciudad del Turia pueda prescindir de su orquesta. Cuenta con alrededor de 80 músicos en plantilla, de los cuales 17 son funcionarios. El 80% de los músicos son valencianos. El presupuesto que destina el Palau de la Música para el mantenimiento de la orquesta supera los tres millones. Ante este panorama, Yaron Traub alertó públicamente de la posible desaparición de la OV, que no convoca plazas desde hace ocho años ni suple las salidas de los músicos.

La formación del Palau de les Arts vino al mundo en circunstancias diametralmente diferentes a las de la OV: se contrató Lorin Maazel como hacedor y no se prescindió de presupuesto. Se buscaron a los mejores a través de audiciones en Valencia, Nueva York, Helsinki, Londres y Milán. Se seleccionaron a los elegidos entre 5.230 aspirantes. La orquesta, compuesta entonces por 90 músicos, se presentó en octubre de 2006. Les Arts cuenta ahora con 72 profesionales y dispone de un presupuesto de más de cuatro millones.