«Una vez fui al gimnasio y hacía un calor tremendo»

Guillermo Gómez Ferrer, en el barrio del Carmen./
Guillermo Gómez Ferrer, en el barrio del Carmen.

El periodista y crítico cultural Guillermo Gómez Ferrer es profesor en la Universidad Católica de Valencia, investigador sobre la sociedad de consumo y ha comisariado exposiciones

MIKEL LABASTIDAValencia

-Se le acusa de ser un cultureta, ¿cómo se declara el acusado, culpable o inocente?

-Culpable. De cadena perpetua. Sin pena revisable. A fin de cuentas, la cultura es un refugio que nos salva de la mediocridad.

-¿En lo de ser cultureta también hay intrusismo?

-Por supuesto. Se nota en la impostura y la afectación.

-Sólo uno de cada cinco españoles dice haber leído El Quijote. ¿Se cree que sean tantos?

-Lo que no se dice es si es en versión reducida o extendida; obligados por el colegio o voluntariamente. La serie de dibujos era magnífica, pero claro, no cuenta.

-¿Cómo convencer a un joven del valor de un libro ante la variedad de ofertas que hay?

-Igual que a un adulto. Ajustándose a lo que busca. Lo que importa es que lo que le interese, en ocasiones, contenga aspectos de valor: como una mejor comprensión de la realidad en todas sus dimensiones, o de uno mismo.

-¿Hay libros sin usar en su biblioteca?

-Unos cuantos. También muchos empezados y dejados a mitad. Mis padres, a veces, piensan que soy mucho más cultureta de lo que soy. Me regalaron las obras completas de Walter Benjamin en francés. Necesitaría tres años para leerlo todo. El lomo queda muy bien en la estantería. Y alguien, no sé cuándo, debió pensar que me debía gustar El código Da Vinci, porque no entiendo muy bien qué hace por casa.

- Deme alguna razón para que compre alguno de los suyos.

-Porque hablan de quiénes somos. (Y además tienen el mérito de no pesar mucho).

-¿Qué visita más, la filmoteca o el gimnasio?

-Una vez fui al gimnasio, y hacía un calor tremendo. El cine me encanta, pero soy más de novedades que de reposiciones. Con cuatro hijos imaginará el tipo de películas que me toca ver últimamente. Por suerte existe Pixar.

-¿Qué película le impactó siendo niño?

-Muchísimas. Ahora las veo con mis hijos: Star Wars, E.T, Los Goonies, La Princesa Prometida, Cazafantasmas, Indiana Jones, Regreso al futuro El cine me ha acompañado toda mi vida.

-¿Qué vinilo conserva y no vendería jamás?

-Conservo casi todos los de Queen y de Dire Straits. Pero los vendería todos porque no tengo tocadiscos.

-¿Con qué serie americana se reconcilió con la tele y volvió a darle uso?

-Con Twin Peaks y ese enano surrealista Y después vino algo tan básico como Friends, y más tarde, Frasier, El ala oeste de la Casa Blanca, 24 Hasta Juego de Tronos en la actualidad.

-¿Cuál no soportó ni unos capítulos?

-Perdidos. Menudo truño.

-¿Murder o Scully?

-Se me olvidaba. Tampoco vi Expediente X. Debo decir que durante tres años de mi vida no vi televisión; ni un solo día. Tengo una laguna de los 18 a los 21.

-¿Conoce algo más efímero que snapchat?

-El presente. Por eso es tan difícil vivir en él. Ah, y las promesas electorales.

-¿Lleva barba y gafas de pasta porque es un fashion victim?

-No me interesa nada la moda. La estética, sí. Mis gafas y la barba las tengo un porrón de años. Lo que pasa es que las tendencias vienen constantemente en mi auxilio; no sé quién se ha inventado lo de fofisano, pero le estoy enormemente agradecido.

-¿Cuántas horas al día hace vida cibernética y cuántas real?

-Casi todos los días un poquito de vida cibernética sí que hago. Tengo mi blog y me gustan las redes sociales, pero en dosis aceptables. Por suerte algunas modas ya han pasado. Como la de los pies frente a algún paisaje, los kilómetros que ha corrido la gente o los mensajes tipo ¡Guau, se fue a comer sardinas y mira lo que pasó!¡Increíble! Las redes también permiten estar muy cerca de lo que te interesa: por ejemplo, yo sigo a los Hermanos Maristas en Siria que se están jugando la vida por los demás o a una agrupación de cristianos perseguidos por el Estado Islámico. Lo vivo muy intensamente. Y a la vez me indigno con nuestra indiferencia.

-¿Nos hace más felices o más infelices la tecnología?

-Nos esclaviza y condiciona brutalmente. Tiene algunas ventajas como la que acabo de decir respecto a la cercanía con lo que pasa en el mundo. Pero también tiene muchísimos riesgos que requieren una profunda reflexión. Sobre todo, por cuanto modifican la percepción de la realidad y sobre uno mismo.

- ¿Cuántas solicitudes de amistad lanza al día?

-Pocas o ninguna. Casi todos con los que tengo relación ya están en mi red.

-¿Antes de conocer a alguien googlea sobre él?

-Antes lo hacía más. Ahora sólo si es un encuentro relevante.

-Escribe sobre moral y ética. ¿Quedan muchos como usted a los que les siguen importando estos vocablos?

-No sólo quedan, sino que cada vez hay más. Nos estamos dando cuenta de que cualquier ámbito sin reflexión ética es una bomba de relojería: finanzas, medicina, comunicación, política A mis alumnos les insisto en que se pregunten por la finalidad última de todo lo que hacen. Si estudiamos marketing: ¿para qué el marketing? Si es tecnología, ¿para qué la tecnología? Despertar la pregunta es básico. Y dar herramientas para que cada uno encuentre las respuestas es una misión imprescindible en todo docente.

-¿Consulta algún diccionario de papel?

-Los que tengo en casa. Y el Ferrater Mora de filosofía. Un must del gremio.