Un mural condenado a desaparecer

El mural de Josep Renau está instalada en un edificio de la calle Caballeros. :: i. marsilla/
El mural de Josep Renau está instalada en un edificio de la calle Caballeros. :: i. marsilla

La Generalitat y el Consell de Cultura se desentienden del fresco de Renau en Valencia

NOELIA CAMACHOVALENCIA.

El mural de Josep Renau (Valencia, 1907-Berlín, 1982) situado en un céntrico edificio de la ciudad de Valencia, y el único del que se tiene constancia realizado por el artista, está condenado a la desaparición. Y lo está porque ninguna institución ha querido hacerse cargo de la obra y apelan a los propietarios del inmueble, en venta desde marzo de 2014, a que sean ellos los encargados de mantener en buen estado el fresco.

Tal y como publicó LAS PROVINCIAS, la Conselleria de Cultura declinó llevar a cabo cualquier acción para salvar la pieza y lo hizo alegando que el edificio se encuentra en el plan especial de protección patrimonial y, como consecuencia, el mural de su interior también. «No se puede desvincular el mural del edificio», contaron desde Cultura. Así que no van a llevar a cabo ningún tipo de acción ni iniciativa.

El Consell Valencià de Cultura (CVC), el organismo que comenzó a investigar el estado de la pieza después de que el investigador Manuel García atribuyera la obra a Renau, aprobó ayer finalmente un informe sobre el mural. En el documento, los consejeros encargados de investigar la situación del fresco aseguran que la obra está muy repintada y en mal estado. La razón, sostienen desde la institución, es «debido a la ausencia de climatización y a un factor alto de humedad». Pero van un paso más allá y resaltan que «si no se aborda una pronta recuperación (los frescos) podrían perderse».

Sin embargo, y pese a la alerta de que la obra de Renau puede que no sobreviva, en el texto los consejeros de la Comisión de Artes sólo recuerdan a los actuales dueños -o a los futuros si se vende el inmueble- que tienen «la obligación de mantener en buen estado de conservación las obras de Josep Renau, así como la adopción de medidas de seguridad para que no se dañen las mismas». Nada más. Tanto la Generalitat como el CVC renuncian a impulsar cualquier procedimiento y apelan a la buena fe de unos dueños que, hasta la fecha, tampoco han mostrado mucho interés por mantener y conservar la obra.

Desde la Comisión de Artes del ente estatutario aseguraron a este periódico que lo único que pueden hacer es esperar a ver si el edificio se vende, si los nuevos dueños lo conservarán o que ocurre con el paso del tiempo. No obstante, El CVC ha solicitado al Ejecutivo un catálogo en el que se recojan todas aquellas obras de arte o elementos de interés artístico y patrimonial que se encuentren en edificios e inmuebles en manos privadas. «La intención no es fiscalizar a nadie pero sí conocer en qué lugares existen obras como las de Renau y poder saber en que estado se encuentran», dijeron.

El mural de Josep Renau se ubica en el techo de una pequeña habitación que antes se utilizó como baño pero cuyo último uso ha sido un salón privado del restaurante en el que estaba situado y que hoy en día está cerrado.

En el informe del CVC se recoge que ya en el año 2007, el Instituto Valenciano de Conservación (Ivacor) estaba dispuesto a asumir la mitad de los 24.000 euros que costaba la restauración (los consejeros decidieron no aprobar ayer la inclusión de las cifras económicas en el documento aunque en un primer texto sí aparecían). Pero no se pudo llegar a ningún acuerdo con el propietario y, por lo tanto, las cosas continuaron -y continúan- igual.

Por otra parte, en el Pleno del CVC celebrado ayer el ente aprobó un informe en el que se insta a la necesidad de que los estudios de la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) tengan rango universitario; se instó a un pacto de Artes Escénicas que apoye al teatro; y se aprobó otro documento sobre el estado actual de las abejas.

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