Así se fabrica el trencadís de Les Arts

Los técnicos comenzaron a reponer el material cerámico en la cubierta hace dos semanas./
Los técnicos comenzaron a reponer el material cerámico en la cubierta hace dos semanas.

Veintisiete mujeres son las encargadas de elaborar artesanalmente cada una de las 27.000 mallas de material cerámico que recubrirán los 9.000 metros cuadrados de la cubierta del auditorio

NOELIA CAMACHOvalencia

«Cualquier material que se pueda romper sirve para realizar piezas de trencadís». La afirmación pertenece a los gerentes de la empresa valenciana Trencadís Innovación, la compañía encargada de fabricar y recubrir de nuevo de material cerámico la maltrecha fachada del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia.

Se cumple algo más de un año desde que el trencadís de la cubierta se desprendió. El coliseo operístico valenciano vio el 26 de diciembre de 2013 cómo su resplandeciente fachada se deshacía y caían al suelo cascotes que evidenciaban que el estado del edificio, inaugurado en 2005, no era el óptimo.

Tras el desastre y la urgencia de buscar soluciones, muchas de las cuales pasaban por pintar la cubierta, el arquitecto del proyecto, el valenciano Santiago Calatrava, mantuvo siempre su idea de que el trencadís debía volver a coronar el edificio de Les Arts.

Para ello, ha confiado en una empresa valenciana que, paradójicamente, ya había revestido con esta técnica la mayor parte de los edificios que conforman el complejo de la Ciudad de las Artes de las Artes y las Ciencias. Pero no intervino en la construcción ni del Palau ni del Ágora, el otro inmueble ideado por el arquitecto de Benimàmet que también padece desperfectos en el trencadís de su fachada.

Trencadís Innovación, filial de la empresa Crisan -la entidad que, durante más de 25 años ha realizado trabajos de colocación de este tipo de piezas en muchos edificios del mundo- nació hace algo más de una década. Su gerente, Antonio Ruiz Selas, explica que, ante la dificultad de encontrar proveedores, en 2001 decidieron crear Trencadís Innovación. Con sede social en Valencia y un almacén en la localidad de Picassent, la empresa, sin embargo, fabrica en el municipio manchego de Valmanrique. Y lo hace de una forma totalmente manual. «El proceso es totalmente artesanal. Las máquinas no intervienen para nada en la fabricación de cada una de las piezas», asegura Silvia Rosaleny, una de las responsables de la empresa, y prosigue asegurando que los artistas encargados de configurar todas y cada una de las piezas que van a revestir la cubierta de Les Arts son todo mujeres. «Tenemos 27 trabajadoras que son las que fabrican cada una de las placas», explica. Un proceso nada sencillo, resaltan, y largo en el tiempo.

Lo cierto es que las manos de esta casi treintena de féminas son las fabricantes de las más de 27.000 mallas de trencadís que se necesitan para completar los 9.000 metros cuadrados que tiene la cubierta. Concretamente, cada una de las piezas que se han comenzado a instalar -las tareas de reposición dieron inicio el pasado miércoles- son cuadradas y miden 60 centímetros de ancho por otros 60 centímetros de largo.

El proceso de fabricación no es sencillo. Requiere de profesionales muy formadas que, martillo en mano, son las encargadas de romper cada uno de los azulejos que forman el trencadís. Unas piezas cerámicas que, además, también son valencianas y proceden de la industria azulejera de Castellón.

Las piezas resultantes de la rotura del material son clasificadas, dependiendo de su tamaño. Luego llega el trabajo más costoso. Ensamblar cada una de las piezas en las mallas que formarán las placas. «Son artistas. Es complicado encajar cada una de las muestras en las mallas. Hay que darles formas, sobre todo en las juntas. Es un gran trabajo de diseño», resalta Rodrigo Martín, el encargado también de diseñar los proyectos de la firma.

Estas mallas resultantes del trabajo de estas incansables mujeres se han empezado a trasladar a Valencia y ya han sido colocadas. Para ello, Les Arts ha sufrido, desde que se instalaron los andamios hace escasas semanas, como su fachada, desprovista de trencadís, había sido limpiada. En ella, además, se ha aplicado una capa de imprimación, donde, poco a poco, se irán adhiriendo las placas de material cerámico. «Es todo tan minucioso que la unión entre cada una de ellas es inapreciable para el ojo humano», dicen los dueños de la empresa. «Las mallas se instalan con tal precisión, atendiendo a factores como la temperatura o la humedad, que no se desprenderán», argumentan desde Trencadís Innovación. Y ponen un ejemplo claro: el auditorio de Tenerife, también proyecto de Santiago Calatrava, en el que trabajaron y cuya cubierta se mantiene sin ningún desperfecto desde hace algo más de trece años.

La intención principal de todo este cuidado, pese a que esta empresa no fue la encargada de la obra inicial, es que el trencadís no vuelva a caerse. Para ello, las medidas son casi extremas. «Se han realizado tantas pruebas al trencadís que se está instalando que hemos llegado incluso a probarlo como si en Valencia pudiera sucederse el fin del mundo», aseguran entre risas los expertos. Tal ha sido el cuidado que hasta el material adhesivo que pegará el trencadís a la fachada se guarda en unas instalaciones con aire acondicionado para mantener una temperatura constante. «El cuidado es tal que los materiales están casi mejor cuidados que nuestros propios trabajadores», bromea el gerente de la entidad, después de resaltar que los casi 30 técnicos encargados de subirse a los andamios e instalar las mallas trabajan con una minuciosidad muy significativa.

Si todo va como los gestores de esta empresa lo han previsto, los trabajos durarán una media de nueve meses. Y ellos insisten, tal y como lo han hecho desde el arquitecto, las empresas constructoras y el Gobierno de la región, «esta reparación no costará ni un euro a los valencianos».

Adiós a varios contratos

La empresa Trencadís Innovación también ha sufrido las consecuencias de la caída del trencadís de Les Arts. Pese a que ella no fue la encargada de realizar las obras, el hecho de haber participado en la construcción del resto de inmuebles del complejo, les asoció directamente con el desastre. Según sus gerentes, llegaron incluso a perder algún contrato por lo sucedido. «Dejamos de tener credibilidad pese a que nosotros no éramos responsables de lo sucedido», afirman, aunque lograron reponerse buscando nuevos proyectos en todo el mundo. Trencadís Innovación ha sido la encargada de llevar el trencadís valenciano a todos los rincones del planeta. Son, sobre todo, los Emiratos Árabes y Australia, sus nuevos nichos de mercado. Allí han participado en el revestimiento cerámico de la Torre Al Hamra en Kuwait, un edificio de 412 metros que tiene la fachada de piedra más grande del mundo o el edificio 5-9 Roslyn Street ubicado en la zona de Kings Cross en Sidney. «Fuera de España se valora nuestro trabajo. Se tiene en cuenta la calidad y el resultado final», cuenta Antonio Ruiz Selas. «No quiere decir que seamos la única empresa que se dedique a instalar este tipo de material. Hay mucha competencia por parte de los países asiáticos, pero tanto en Emiratos como en Australia son conscientes de que cómo es nuestro producto», alega no sin antes denunciar la falta de apoyo de las instituciones valencianas. «Somos una empresa de aquí, nuestras oficinas están aquí, facturamos aquí, pero nadie nos ha mostrado su apoyo», asegura.

En España, también han trabajado en el Puente Lehendakari Aguirre de San Sebastián y en el Palau de la Músca de Valencia.

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