Las voces de la jornada

8-M en la frutería. Antonia iba a manifestarse por la tarde. Por la mañana primó la necesidad de trabajar. / J. monzó
8-M en la frutería. Antonia iba a manifestarse por la tarde. Por la mañana primó la necesidad de trabajar. / J. monzó

Ríos de estudiantes contra el machismo, madres con hijas en huelga, chinas (y españolas) que trabajan con ahínco... Así fue el 8-M en un recorrido por el centro de Valencia «Hay motivos de sobra para salir a la calle, pero ahora tengo que currar para mantenerme», confiesa una joven al lado de un piquete

J. A. MARRAHÍ

valencia. Diez de la mañana en la puerta de la FNAC. Calle San Vicente. Corazón de Valencia. El 8-M amanece en una jornada de violáceo tono feminista y un multicolor fallero que huele a buñuelo, bullicio, pancarta y protesta. Sí, la movilización se palpa en las calles e inunda sus rincones. Megáfonos, humos morados, jóvenes de instituto con gestos, ropas y mensajes reivindicativos se entremezclan con madres que secundan el paro, otras en resignada faena y hasta alguna mujer que piensa que la desigualdad «ya no es para tanto».

10.05 horas. Elvira Cañizo camina hacia la tienda. De la mano va su hija de 9 años. ¿Niña en huelga? «Sí, señor». Sonríe. «Las dos, ella es una mujer en potencia», afirma la licenciada en Geografía e Historia, que ejerce como teleoperadora y es mileurista. «Lo nuestro es doble huelga, por la del sector y por el 8M. Las mujeres seguimos destinadas a trabajos secundarios. Aún hoy tenemos que seguir reclamando derechos».

10.20 horas. Una voz exaltada atruena en un megáfono. Pertenece a Esther Sánchez, feminista convencida en el piquete informativo de CNT. Tiene 33 años y es recepcionista aeroportuaria. «Excepto las que trabajamos de cara al público, casi todos son hombres en mi sector. En muchos aspectos somos invisibles y al envejecer, te apartan de puestos de trabajo. Ya de niña, cuando llega la menstruación te dicen 'cuidado con los hombres'. ¿En qué mundo vivimos?».

«'Tú con nosotros, no, que perdemos', te dicen los chicos del 'insti' si quieres jugar al fútbol»Jóvenes de instituto secundan la huelga, pero no dependientas o empleadas de limpieza

10.30 horas. La llamada al paro de Esther no cala en Carolina Aldana, una colombiana de 25 años estudiante de Máster en la Universitat de València que capta clientela para un colegio. Publicitaria a pie de calle para sacarse unos euros con los que edificar su independencia. «Hay motivos de sobra para salir a la calle y me gustaría parar, pero puedo perder mi trabajo y ahora tengo que currar para mantenerme». A Carolina le indigna «que la mujer latina se haya convertido en el estereotipo de explotación sexual» o «la precariedad laboral de las inmigrantes».

10.45 horas. A pocos metros, Patricia y Olaya caminan juntas rumbo a la manifestación de las doce. Tienen 16 años y estudian 4º de ESO. «En el 'insti' ya hay machismo. Te pongo un ejemplo: una chica quiere jugar al fútbol y los chicos que han hecho equipo le dicen: 'tú con nosotros, no, que perdemos». O frases del tipo «si tienes novio, qué haces llevando ese escote». Como ellas, muchas jóvenes fluyen juntas (también chavales, aunque menos) en la masiva marabunta reivindicativa estudiantil.

11.00 horas. Y mientras, una barrendera se afana en lo suyo. ¿Usted no hace paro? Nos despacha sin tapujos: «Yo siento que no me falta ningún derecho como mujer. Ni en mi casa, ni aquí, ni en ninguna parte. Por eso he decidido no hacer huelga». Tampoco la hacen las muchas mujeres chinas que alisan cabellos o realizan manicuras en las peluquerías de la calle Jerusalén. Les preguntamos y nos topamos con un oriental silencio. A lo más, un huidizo: «No sé nada».

11.15 horas. Tampoco paran fruteras, charcuteras o panaderas del Mercado Municipal de Jerusalén. La frutera Antonia Rodríguez desgrana así sus razones: «Esta tarde me manifestaré, pero ahora tengo que estar aquí con mis dos hijos para ganarnos el pan. Si no trabajo, no hay...». Para la comerciante, la vida no ha sido fácil. Enviudó y tuvo que luchar contra viento y marea «en la cerámica, cuidando niños, limpiando escaleras...». Según reflexiona, «cuando las mujeres nos hacemos mayores es cuando más valemos y, paradójicamente, es cuando más se prescinde de nosotras en puestos de trabajo», denuncia. Una clienta, la auxiliar administrativa Pepa Gómez, de 73 años, opina así: «Yo he sufrido la desigualdad, el desequilibrio salarial... pero creo que hay otras maneras de combatirla que no son la huelga».

11.30 horas. Otra vendedora del mercadillo es Chelo Martínez, de 51 años. Su situación es similar a la de Antonia. «Si no tuviera tanta necesidad de trabajar haría huelga, pero no me lo ha propuesto mi jefe y claro...», se sincera. Jornadas como la de ayer «son necesarias, hace falta que las mujeres estemos unidas y se note». Se define como mileurista y cree que todavía hay mucho machismo que desterrar. «Parece que está bien visto que las mujeres estén con hijos y mayores, pero los hombres, no tanto».

11.40 horas. Mujer y policía, Lucía está de servicio. Así ve las cosas: «Podría entender si protestara mi madre, pero veo exagerado tanta chica joven encendida. Hay cierto feminismo confundido que parece que desee ver al hombre hundido. Yo quiero que se me respete simplemente como una persona más, no por ser mujer. Eso es la igualdad».