Las violaciones de menores se triplican en la Comunitat Valenciana

Alumnos de Callosa d'En Sarrià salen de clase días después de la agresión grupal que sufrió una joven en el pueblo. / i. marsilla
Alumnos de Callosa d'En Sarrià salen de clase días después de la agresión grupal que sufrió una joven en el pueblo. / i. marsilla

Los ataques machistas antes de los 18 años se doblan y también se dispara la violencia en los hogares contra padres u otros familiares cercanos

J. A. MARRAHÍ

Resulta imposible saber si se debe a una mayor decisión de las víctimas a denunciar casos que antes callaban o bien a un incremento real del problema. Pero las cifras son las que son y lo cierto es que son peores. El avance estadístico de la memoria de la Fiscalía Genenal del Estado, que este viernes se hizo público, sitúa la Comunitat Valenciana como la región de España con un mayor número de infracciones de menores relacionadas con las agresiones sexuales: 168 a lo largo de 2018, según el informe. Si lo comparamos con el año pasado en nuestra región, son casi el triple de casos investigados por la Fiscalía.

Hay un detalle que llama poderosamente la atención. La práctica totalidad de aquellos delitos que entrañan un daño directo hacia las personas próximas aumentan entre los menores de 18 años, de acuerdo con los datos del Ministerio Público.

Si ponemos el foco en la violencia doméstica, aquella que los chavales más rebeldes dirigen contra sus padres, abuelos u otros familiares, de nuevo un alarmante 'in crescendo'. De los 783 casos que acabaron en manos de las fiscalías de menores durante 2017 se pasó el año pasado a 832.

Hay más de 800 casos al año de violencia de menores contra sus familiares más próximos

Los intentos por educar a los más jóvenes en la igualdad y respeto al sexo femenino parecen también estrellarse contra la tozuda realidad. En violencia de género protagonizada por infractores crecemos de los 75 casos que se contabilizaron en 2017 a los 168 del año pasado. Más del doble.

En materia de delitos sexuales, no sólo se disparan las agresiones en la Comunitat. También los abusos sexuales crecen al ascender de los 152 que hubo hace dos años a los 176 que la Fiscalía computa en su más reciente informe.

En uno de los últimos casos de manadas en la Comunitat, el ocurrido en una localidad de la Marina en verano del año pasado, hay menores entre los sospechosos. La víctima tenía 15 años cuando sufrió la agresión que acabó denunciando en marzo, posibilitando así el arresto de los sospechosos. Poco después hubo otra en el contexto de las fiestas de la Magdalena de Castellón. El jueves, tres jóvenes fueron apresados por violar a una adolescente en Murcia.

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La fiscal coordinadora de Menores en Valencia, Consuelo Benavente, explicaba hace unas semanas a este diario los gérmenes de un problema que, a tenor de los últimos datos, parece agravarse. Ante las agresiones múltiples, no descarta «cierto fenómeno de imitación» y enmarca los casos en «la creciente violencia juvenil, no sólo enmarcada en el ámbito sexual».

Problema de incomprensión

Cita también la influencia negativa de una pornografía a tiro de 'click' o un mal uso de las redes sociales sin filtros. Pero, ¿qué explicaciones dan los autores de agresiones sexuales? «Aunque parezca mentira, ellos lo ven sólo desde su prisma. No lo perciben como una agresión, no lo reconocen. No terminan de entender el daño que han causado».

Según Benavente, los chavales están suspendiendo en muchos casos en la comprensión del consentimiento. Algunos reconocen la relación «pero dicen haberla entendido como consentida. Muchos no consideran que el hecho de que la víctima empuje o diga «no» sea una oposición suficiente». En ocasiones, las jóvenes agredidas quedan paralizadas y «ellos lo encajan desde su interés, aprecian que está consintiendo».

En su dilatada experiencia, se ha topado con frases como «ella dijo 'no', pero en realidad sí que le gustaba. Sí que quiso...». Para la experta esto «es muy grave, porque no entienden que un sólo 'no' ya es suficiente y que no hace falta revolverse ni empezar a golpes para manifestar una negativa». Tampoco entienden que el miedo paraliza.

El agresor sexual menor, ahonda, «aparece en todos los estratos sociales, en chavales normalizados y sin antecedentes delictivos». Como conclusión, incide en la necesidad de despertar la empatía: «A veces me da la sensación de que algo les hace «click» cuando les decimos: ¿Te gustaría que hicieran lo mismo a tu madre o a tu hermana?».

Llama la atención que mientras los delitos sexuales, en el seno de la pareja o la violencia contra familiares crece, aquellos otros que tienen lugar fuera de este círculo no experimentan incrementos tan pronunciados en menores. Por ejemplo, la Fiscalía contabilizó 1.759 delitos de lesiones en 2018, una cifra casi calcada a las 1.762 que hubo el año anterior.

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