La valenciana que vigila el Pacífico colombiano

Con tan sólo 21 años, la joven se ha aventurado en Colombia para ampliar su formación. / lp
Con tan sólo 21 años, la joven se ha aventurado en Colombia para ampliar su formación. / lp

La estudiante de Biología vive y trabaja en el Parque Nacional Uramba Bahía Málaga durante julio y agosto Paula Cabanilles monitorea las ballenas del litoral oeste del país latinoamericano, donde se reproducen los cetáceos

ANA CORTÉS

valencia. Entre los acantilados de la costa oeste colombiana, Paula Cabanilles, de 21 años, observa diariamente el comportamiento de la ballena jorobada. La joven valenciana, que es estudiante de Biología, realiza este verano un voluntariado en Uramba Bahía Málaga, una de las 59 zonas protegidas por la Organización de Parques Nacionales Naturales de Colombia y la única marina.

Juanchaco y Ladrilleros, donde se aloja la valenciana, es un pueblo diminuto sin pavimentar que acoge uno de los parques naturales más ricos de Colombia. De julio a diciembre, los cetáceos llegan a las aguas del Pacífico para reproducirse o dar a luz. Los ejemplares viajan desde la Patagonia chilena, a 8.500 kilómetros, en busca de regiones más cálidas.

Cabanilles inicia su rutina cuando comienza a clarear. Desde las seis de la mañana el sol cae a plomo y el calor del mediodía es demasiado fuerte, por lo que deben pausar sus tareas. «Monitoreamos por la mañana y por la tarde a los cetáceos», explica Paula con un acento marcado por su estancia en el continente. «También analizamos el impacto de la pesca tradicional en esta población marina».

La estudiante afronta con ilusión esta oportunidad, que le «enseña a nivel profesional y humano». Ya estuvo en Medellín hace un año como estudiante con la beca Mundus, un programa internacional de intercambio de alumnos universitarios. Vuelve porque quedó «prendada de su naturaleza y sus gentes». Confiesa que esta inquietud ya viene de familia, y que las historias y la música latinas invadían los rincones de su casa desde niña. Echa de menos a familiares y amigos, pero reconoce que estar alejada «ayuda a desconectar» y a valorar más el hogar. «Suerte y felicidad» son los términos con los que describe la decisión tomada.