Sólo los profesores podrán frenar la jornada continua en los colegios

Papeletas de la consulta entre las familias en un colegio de Valencia. / damián torres
Papeletas de la consulta entre las familias en un colegio de Valencia. / damián torres

Educación permitirá que un acuerdo del consejo escolar tumbe el horario intensivo de manera excepcional, aunque sólo podrá salir adelante con el apoyo de los docentes

J. BATISTA VALENCIA.

El decreto que ultima la Conselleria de Educación sobre la organización y funcionamiento de los centros públicos de Infantil y Primaria (ROF) no sólo da un curso adicional a los colegios a los que se les termina la autorización para aplicar la jornada continua este mismo ejercicio, lo que evita que los padres voten de nuevo si quieren mantener el nuevo modelo. También establece una vía extraordinaria para tumbar el horario intensivo que será competencia del consejo escolar, aunque no influirá el criterio de los responsables de las familias en este órgano colegiado. De hecho, estará en manos del profesorado.

El ROF prevé que si el consejo escolar aprueba un informe razonado, que aporte argumentos para no continuar con la jornada continua, la autorización de la administración decaerá. Eso sí, tendrá que ser validado con una mayoría de dos tercios, lo que en la práctica invalida la opinión que puedan tener los padres del consejo, pese a que estos sí tienen la potestad de plantear que el informe sea tenido en consideración en el citado organismo.

En un colegio tipo, semejante nivel de apoyo sólo será posible si hay profesores que secundan la iniciativa, algo poco probable pues la jornada continua tiene mucho de reivindicación laboral. De hecho, si todos los representantes de los padres del consejo quisieran tumbar la continua nunca podrían llegar a los dos tercios, ni siquiera con el apoyo de otros miembros no docentes. El ROF establece que en los centros más habituales (de nueve o más aulas), el consejo escolar estará formado por el director, el jefe de estudios, el secretario (sin voto), siete representantes del profesorado, nueve de las familias, uno del PAS y otro del ayuntamiento (concejal o persona en quien delegue).

Son 20 miembros con derecho a voto, lo que implica que se precisaría de al menos 14 pronunciamientos en el mismo sentido para llegar a dos tercios (66,6%). Es decir, sin el apoyo docente, ya sea el de los representantes del claustro (los siete) o el del director o jefe de estudios, una hipotética petición de los nueve consejeros elegidos por las familias no llegaría a buen puerto.

El ROF implica cambiar las reglas del juego que se fijaron en la orden que aprobó la conselleria en 2016, cuando abrió la puerta de manera general a la jornada continua. En aquella normativa se estableció que la autorización de tres cursos debería renovarse iniciando de nuevo el procedimiento, lo que implicaba una nueva votación entre las familias, como la que se organizó para implantarla por primera vez. Con la prórroga de un curso se rompe esta vía de participación, lo que ha provocado las críticas de las confederaciones de Ampas de la escuela pública (la Gonzalo Anaya y Covapa).

Además, la orden ya preveía que un informe razonado del consejo escolar pudiera implicar la anulación del horario intensivo. Eso sí, no se exigía un apoyo de dos tercios de los miembros, sino que no se precisó. Y por regla general, los consejos escolares adoptan acuerdos por mayoría simple, por lo que la nueva condición restringe todavía más la única vía para tumbar esta modalidad.

En cuanto a la vigencia de estas disposiciones, el ROF no lo precisa, aunque son transitorias. Por lo tanto, dejarán de ser de aplicación una vez se apruebe una nueva normativa que regule la jornada continua en sustitución de la vigente, la aprobada en el año 2016.