La repetición de curso baja aunque aún afecta a un tercio del alumnado

La Comunitat, que llegó a tener una tasa de casi cuatro de cada diez estudiantes, todavía sigue por debajo de la media

JOAQUÍN BATISTA VALENCIA.

Un tercio del alumnado valenciano, cuando llega a 4º de la ESO, ha repetido algún curso durante su vida escolar. El dato es alarmante, pero si se tiene en cuenta la evolución se ve mejoría, pues el porcentaje ha llegado a rebasar el 40%.

Las cifras se extraen del último informe estadístico sobre resultados educativos del Ministerio de Educación. Aunque vio la luz en febrero, cobra actualidad ante la proximidad de la última evaluación, que a la postre determina el éxito o el fracaso de todo un año, y por la cercanía de las elecciones generales. Aunque los programas electorales no se detienen en la cuestión -al menos los partidos mayoritarios- los modelos son divergentes.

El estudio oficial sólo llega hasta el 2016-2017, por lo que el porcentaje se queda anticuado, aunque es el último al que se puede recurrir. Para calcularlo se parte de la tasa de idoneidad, el volumen de alumnado que está en el nivel que le corresponde en base a su edad. Por tanto, ha avanzado a curso por año. Dándole la vuelta a la cifra se extrae el porcentaje de los estudiantes que van retrasados al haber repetido.

Los datos utilizados se refieren al alumnado de 15 años, el que si todo va bien está en 4º de la ESO. En el caso valenciano, el 66,9% de los escolares con esta edad estaba en el citado curso, por lo que el 33,1% restante había repetido alguna vez, ya fuera en Infantil, Primaria o en los años previos de la ESO, que es la etapa más afectada por este fenómeno.

La tasa del curso previo (2015-2016) se situó en el 37%, lo que desliza un claro avance. Y una década antes (2005-2006) alcanzó el 45%. La misma tendencia se ha vivido a nivel estatal. En el último ejercicio con cifras (el 2016-2017) se fijó en el 31,4%, y un año antes llegó al 36%, lejos del 42,6% de hace diez. Los datos de la Comunitat siempre han estado por debajo de la media nacional, situando a la región en la parte baja de la clasificación autonómica.

Las variaciones, al menos las de los ejercicios más inmediatos, no se pueden achacar a un cambio en las políticas educativas porque la normativa marco, que es estatal, no ha variado. Es la que se deriva de la Lomce del PP, que tampoco supuso una clara ruptura con la ley orgánica anterior (LOE), aunque sí introdujo algunas barreras que en la práctica derivaron en una mayor dificultad para promocionar. De hecho, es la regulación vigente hoy en día tras el fallido intento de reforma de la ministra Isabel Celaá.

En la ESO, un estudiante pasa si aprueba todo o suspende un máximo de dos asignaturas. La novedad de la ley popular fue que no se permitía hacerlo si estas dos eran de manera simultánea Lengua Castellana, Valenciano -lengua cooficial- o Matemáticas. Sin embargo existía la posibilidad de pasar con tres materias no aprobadas si el equipo docente consideraba que sería positivo para la evolución del alumno y siempre que existieran refuerzos. Eso sí, no hay opción posible si entre las tres materias están dos de las citadas. En Bachillerato no se especifican asignaturas concretas, así que en 1º se puede pasar con dos no superadas, pero no con tres. Y en 2º hay que aprobarlo todo para poder cursar un grado universitario o de FP superior.

Reforma socialista fallida

La reforma iniciada por el Gobierno de Pedro Sánchez -paralizada tras el adelanto electoral- introducía cambios. Más allá de volver al modelo LOE, daba más flexibilidad a los docentes. En la ESO se promocionaba con dos materias suspendidas, fueran las que fueran, y excepcionalmente con tres. Tampoco en este caso se especificaban las asignaturas, dejando la decisión a los profesores e incluyendo apoyos.

Para Bachillerato el cambio principal era que se pudiera acceder a la Selectividad con un área suspendida, entrando a regular una práctica no escrita pero extendida: no frenar la progresión de un alumno porque se le atragante una materia. Además, se permitía sacar adelante la etapa en tres años, con un curso puente para los que suspendieran tres o más asignaturas en 1º. En el siguiente, el intermedio, las tratarían de recuperar, eligiendo alguna más de 2º si el profesorado daba el visto bueno. La premisa era que la repetición fuera una estrategia excepcional, incluyendo un plan personalizado para el alumno afectado, con un tutor encargado de su seguimiento.

La reforma coincidía con la postura de los máximos representantes de la Conselleria de Educación, que en varias ocasiones se han mostrado en contra de la repetición. Miguel Soler, el secretario autonómico, lo ha dicho en diferentes foros oficiales, destacando que desmotiva y apostando por apoyos específicos realmente efectivos. También el informe PISA se muestra crítico con las políticas de repetición de España, cuya tasa es muy superior a la media de la OCDE (12%) y de la UE (15%). Parafraseando a Soler, en la Comunitat un tercio de alumnos repiten, pero en el estudio internacional sólo entre un 15% y un 20% no han adquirido las competencias que la evaluación considera básicas. Es decir, se les penaliza en exceso. Por no hablar de que los repetidores que hacen las pruebas obtienen resultados más bajos que el resto, lo que desliza que volver a hacer lo mismo que el año anterior no siempre da resultados.

Sobre los representantes de las familias, no hay una postura unitaria. «Hay que mirar el interés superior del alumno, no principios programáticos o ideológicos», dice Vicente Morro, presidente de la Federación de Apas Católicas de Valencia, mayoritaria en la concertada. «Como principio creemos que es positivo que pueda adquirir los conocimientos y aptitudes que necesita. Si no los ha alcanzado debe repetir, salvo factores personales que recomienden lo contrario. No compartimos el buenismo basado en que todos sigan adelante. Para muchos repetir puede ser positivo, propiciar un cambio de actitud. Transmitir la idea de que no pasa nada y que se sigue adelante es hacer un flaco favor», sentencia.

La Gonzalo Anaya, que es la organización de Ampas mayoritaria de la red pública, considera que debe ser la última medida a aplicar. Su presidente Txomin Angós insiste en que para ello se necesitan recursos. «Si en un aula con 25 niños hay tres que no avanzan, o les ponemos un refuerzo o no sé qué podemos hacer», señala. «Repetir no es interesante. Un alumno que repite es mayor, se siente marginado, no avanza, se aburre, pero si no le ponemos un refuerzo puede repetir 23 veces seguidas», ejemplifica, si bien advierte de que promocionar sin los conocimientos necesarios no es deseable. «Si no hay recursos para los niños que se van quedando atrás retrasamos el problema», dice.

La vicepresidenta, Silvia Centelles, coincide con la idea y destaca la importancia de mejorar las plantillas, especialmente en relación a la atención de alumnos con dificultades, así como de mirar hacia modelos de éxito donde no hay fracaso escolar. «La inclusión que defendemos es observar cuáles son las necesidades de cada escolar, y para ello hacen falta recursos», sentencia el secretario, Màrius Fullana.

es el porcentaje de recursos que consume la repetición en España en relación a la inversión anual en Primaria y Secundaria, según una estimación de la OCDE. No se ha calculado, en cambio, el coste derivado de los apoyos que necesitarían los alumnos en un escenario de no repetición.

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