Rebelión vecinal contra la planta de biogás de Llíria: «Será la muerte de nuestros pueblos»
Los organizadores denuncian que estas instalaciones provocan emisiones, malos olores y problemas medioambientales
Cerca de dos mil personas participaron ayer en la manifestación organizada en Llíria para visibilizar el rechazo a la macroplanta de biometano que se ... proyecta en el término municipal de la capital comarcal, aunque quedará alejada del casco urbano unos nueve kilómetros. No sucederá lo mismo con Casinos y Domeño, que se sitúan a tres. De hecho, en la marcha participaron sobre todo vecinos de estos pueblos, así como de las urbanizaciones Camp de Llíria y La Mont Ravana, más próximas todavía.
La protesta fue organizada por la Asociación Ciudadana Camp de Túria y Serranía y contó con el apoyo del Ayuntamiento de Casinos. Partió desde la calle Pla de l'Arc, sede de la Mancomunitat, y acabó frente al Ayuntamiento, donde se leyeron dos manifiestos críticos con un proyecto que empezó a gestarse en 2021 y que en los últimos meses ha generado una elevada contestación ciudadana. No sólo en la Comunitat Valenciana, sino en decenas de localidades españolas en las que se están planteando estas instalaciones, que permiten transformar residuos orgánicos, como purines o material de vertedero o plantas de tratamiento, en fertilizante y gas.
Su atractivo pasa porque suponen una alternativa a la altísima dependencia de otros países en cuanto al suministro. Aunque no todo lo que reluce es oro, a juicio de los organizadores, que en base a la experiencia de localidades en las que ya funcionan alertan de que conllevan emisiones de gases perniciosos para la salud, malos olores, contaminación ambiental (por ejemplo de pozos o acuíferos), riesgo de vertidos y el tránsito continuo de vehículos pesados con residuos peligrosos. En definitiva, de que hipotecan su medio de vida.
«Estamos a favor de las energías renovables, pero con modelos sostenibles, y estas macroplantas no lo son», denuncian desde la organización, que alude a que los residuos utilizables del entorno se quedan muy lejos de su capacidad máxima prevista, como se decía en el manifiesto. «Si Casinos genera 12.000 toneladas, Domeño unos 400, Llíria 34.000 y toda Valencia capital 84.000, cómo se alimenta una planta con capacidad para 192.700?», se preguntaban. «Estas instalaciones, a semejante escala, no son viables económicamente por la energía que consumen en los procesos de transformación o en la gestión de los transportes. Pero disponen de cuantiosas subvenciones, ahora que Europa ha abierto los ojos ante una alternativa que quiere explotar, sin preocuparse por el coste. Y no queremos que nuestros pueblos sean zonas de sacrificio», razonan desde la citada asociación.
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La organización también destacó que durante la gestación del proyecto no se informó a la ciudadanía, y recordó que los pueblos afectados «no están jugándose el futuro, sino el presente, la salud y su modo de vida».
En un sentido similar se pronunció el alcalde de Casinos, Miguel Navarré, presente en la protesta. «Conocemos macroplantas nuevas, con una capacidad inferior y todos los permisos administrativos y ambientales, que han causado problemas de olores y respiratorios. No queremos tenerla cerca, ni en ningún sitio, son la muerte de nuestros pueblos» dijo.
También destacó que ahora que proliferan estos proyectos «es el momento de generar la reacción ciudadana» necesaria para presionar a las administraciones implicadas. En este caso, el Consistorio de Llíria y la Generalitat.
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