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Una mesa redonda en la Universidad ha evocado la vida municipal a los 40 años de las primeras elecciones democráticas

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

El marco era de lujo: el Paraninfo de la Nau, la vieja Universidad. Allí, convocados por María José Broseta, las Asociaciones de Vecinos quisieron rendir homenaje, el lunes, a la política municipal, ahora que se han cumplido cuarenta años de las primeras elecciones democráticas. Y una vez más se hizo evidente que, da igual que lo sea de una gran ciudad que un pueblo mínimo; un concejal, un alcalde, «no se puede esconder». Se le conoce, se le reconoce y se le exige. Porque el escalón municipal es el primero y el esencial, el más directo, de la relación entre los ciudadanos y el poder público.

A Fernando Martínez Castellano, que batalla estos días contra la enfermedad, le dieron la palabra el primero. Y recordó con ternura, emocionado, los años de la Transición, las ilusiones del cambio y las primeras palabras de su discurso de toma de posesión, en las que rindió homenaje a la generación de sus padres, la que había atravesado el desierto del franquismo. Estuvo en la Alcaldía solo cinco meses; pero tuvo tiempo para enderezar no pocas cosas en una Valencia atrasada, maltratada durante los setenta, llena de carencias y necesidades pero ilusionada por el ideal de recobrar el Saler y el viejo cauce del Turia.

Carmen Arjona, concejala del PCE de la primera hornada, introdujo en la sesión la necesidad de trabajar siempre para las personas, la obligación del concejal de escuchar, comunicar y consultar con la calle. Amadeu Sanchis, concejal de EU, coincidió con ella aun cuando ejerció su mandato treinta años después y en los tiempos duros de la última crisis. Sin embargo, antes, desde dos ángulos contrapuestos, el socialista y el popular, se había trazado el más cortés, también el más atractivo debate que he oído en los últimos años a propósito de Rita Barberá, cuya presencia llena más de la mitad de los 40 años evocados. Porque Ana Noguera, como candidata que fue ante la alcaldesa del PP, habló de luces y sombras, y evocó a una persona apasionada que hizo una política de estilo personal y autoritario, pero Cristóbal Grau se ocupó de subrayar el papel de los políticos que, como Barberá, piensan a largo plazo, trazan planes estratégicos y alcanzan liderazgo sin pensar solo en las siguientes elecciones.

Dos formas, las dos certeras, de ver la política en un periodo sustancial de su historia. Un interesante esbozo del estudio que se le debe a Valencia y a su alcaldesa. El alcalde, que pudo tomar el guante, no lo hizo. Conciso y profesoral, enumeró siete enunciados que son la arquitectura de su pensamiento, el esquema del nuevo organigrama que lleva en la cabeza.

Camino de regreso a casa la ciudad estaba más guapa que nunca. En el Tossal, los turistas comían paella al anochecer y la plaza de Sant Jaume le ganaba la mano a Roma y Atenas. Cuando un guitarrista entonó los primero acordes del «Yesterday» ¿me creerán que casi me puse a llorar como un tonto?