¿Y ahora qué?

Manu Ríos
MANU RÍOS

Deshojada la margarita del adelanto electoral poco más se puede hacer que plantear los futuribles escenarios entre los que no cabe descartar todavía, el de un adelanto electoral en la Comunidad Valenciana. Mucho debe andar meditando el president Puig, si le conviene o no ir a rebufo de la suerte que corra el PSOE ese 28 de abril. A nivel nacional, las encuestas ahora mismo sitúan a los socialistas en una posición de ventaja frente a una derecha fragmentada en tres y un Podemos a la baja con serios problemas de cohesión interna. Aunque también podría darse la paradoja de que Sánchez tuviera que comer de su propio veneno y aun ganando las elecciones, no pudiera gobernar porque otros le hacen la pinza. De momento ya ha comprendido que los números no le dan con los independentistas.

Pero a priori todo apunta a que al PSOE podría irle bien en estas generarles anticipadas y su triunfo sería la mayor campaña de marketing y energía que inyectar en los socialismos autonómicos de cara a los comicios de mayo. Estamos sin lugar a dudas ante la previsión que maneja Moncloa y de ahí que se haya fijado una fecha, lo más próxima posible, para que los españoles podamos poner orden en el tablero político. Por cierto, ese mismo día pero en 1977 se legalizaron UGT y CCOO en nuestro país. Buena fecha para movilizar a las bases.

Pero, ¿y si le va mal y se sitúa por debajo de los 84 diputados? A Sánchez, su política marcada por lo que parecen continuas improvisaciones y demasiados personalismos, le ha levantado no pocas ampollas entre los suyos. Las gestiones del Ejecutivo con los independentistas y su relación con los partidos de derecha terminaron estallando por los aires y a los valencianos dejándonos sin 1.4oo millones de euros de inversión pública. Que ya es.

Lo que está por saberse es si a Puig le sigue interesando que la agenda política venga marcada constantemente por Madrid y Cataluña y que los asuntos valencianos se diluyan como un azucarillo, o si prefiere sacar músculo y hacerse de valer. Por ahora solo hay dos opciones factibles: dejar las cosas como están y hacer autonómicas, municipales y europeas el 26 de mayo, o sacarse otra fecha de la chistera y dar la campanada.

Decida lo que decida, en apenas dos días de declaraciones ya se deja ver la hoja de ruta de la comunicación que se va a seguir desde el PSOE: jugar con el lenguaje del miedo con el clásico «que viene la derecha», acusándola junto a los independentistas de fracturar España y ser los responsables de no tener presupuestos y por tanto de haber tenido que adelantar las elecciones, y otra, presentar a Sánchez como un líder de talante negociador que lo intentó todo pero que al final se vio traicionado por los independentistas y por una derecha radicalizada (Vox, PP y CS) que le acosa con manifestaciones propias de otros tiempos y que le arrebató el Gobierno de Andalucía.