De Waco al Perú

Más dura será la caída

La joven buscaba respuestas y, por increíble que parezca, este payaso parecía ser alguien capaz de darlas

VICENTE GARRIDO

El ser humano necesita creer. Es más, su evolución como especie deja como rastro indeleble pinturas y rituales por los que poder interpretar la naturaleza y conjurar los peligros. Chamanes y brujos poseen poder porque pueden encontrar respuestas a los miedos de su gente. Hace veinticinco años, en Waco (Texas), el FBI tuvo su mayor fracaso en la historia al intentar liberar a los seguidores del autoproclamado mesías y líder del culto davidiano David Koresh, del rancho donde éste se había parapetado para evitar ser capturado bajo la acusación de posesión ilegal de armas y abuso sexual de menores. Murieron 83 de los fieles que acompañan a Koresh, él mismo, y cuatro agentes de la policía federal.

Pasado el tiempo pareció claro a los analistas que el problema estaba al inicio: los negociadores del FBI pensaron que los seguidores del culto estaban retenidos contra su voluntad, lo que no era así. Hubo mujeres que abandonaron a sus maridos y consintieron en tener hijos con Koresh, porque éste predicaba que el Apocalipsis era inminente y él tenía que ser padre de hijos puros, necesarios para la vida que seguiría a la lucha que enfrentaría a Satanás y Jesús, es decir, él mismo. Pero Waco no es el pasado: en el siglo XXI sigue habiendo gente que afirma ser Jesucristo reencarnado.

Una exposición fotográfica en la población francesa de Arles muestra en la actualidad un cuidado trabajo del noruego Jonas Bendiksen, donde se revela el quehacer cotidiano de siete individuos que se presentan como el Hijo de Dios, con éxito diverso. Está Apollo Quiboloy, quien cuenta con seis millones de seguidores en Filipinas, pero también un antiguo espía británico que predica la palabra ante un puñado de fieles en la campiña bucólica. Comenta el autor del reportaje fotográfico que invirtió siete años en encontrar a estas personas, asegurándose de que no estaban locas, porque -según dice- en los psiquiátricos es muy fácil tropezar con gente que se cree Jesucristo.

El gurú peruano Félix Steven Manrique usaba el esoterismo para captar a sus víctimas, y una de ellas, como saben, ha sido la joven ilicitana Patricia Aguilar. La justicia intenta procesarle por trata de mujeres; el padre de la chica española hasta tuvo que pagar de su bolsillo el viaje de los policías a la selva donde al fin hallaron a su hija, que había dado luz a un hijo del fantoche, quien tenía un canal en internet con el siguiente título: 'Gnosis Budismo Profecías Príncipe Venerable Maestro Príncipe Gurdjieff'. Sorprende que una cosa tan burda haya casi destrozado la vida de la familia de Aguilar, pero lo cierto es que la joven buscaba respuestas y, por increíble que parezca, este payaso parecía ser alguien capaz de darlas. Mientras exista gente angustiada y vulnerable, no faltarán mesías que, mediante patrañas, la reclamen a su lado para prometerles la salvación.

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