Vuelven los condotieros de la pluma

FERRAN BELDA

Hace años que los interesados en el acontecer ciudadano setabense disfrutan leyendo los artículos y los ripios políticos que publica un tío del alcalde en la prensa local. Propietario de un almacén de fontanería, 'versador' fallero y autor del libro 'Raimon, cantant de cantants', José Ramón Cerdá, que así se llama este tío de Zumosol de Roger Cerdà, debutó como comentarista con una elegía a su hermano, el padre del entonces todavía portavoz de la oposición socialista a Alfonso Rus. Y sea porque se sorprendió de la facilidad con que consiguió publicar la necrológica o porque le animaron a continuar, el caso es que le tomó gusto a la cosa y desde entonces no ha parado de salir a la palestra a alabar desmedidamente a su sobrino. Lo cual tiene su morbo porque la gente nunca sabe con exactitud si habla por boca de ganso, si está transmitiendo aquello que el alcalde le ha pedido que difunda, como se sirvió de él y de su furgoneta para alzarse con la secretaría comarcal del partido, o es una opinión personal. Aunque muy por libre no ha de ir este JR Cerdá porque figuró como número 3 de la candidatura paracaidista del PSPV a la alcaldía de la vecina localidad de Bellús. Y ésta fue la única que pudo confeccionar libremente Roger Cerdà, como lo demuestra el hecho de que el número 1 fuera su jefe de prensa y el dos su secretaria. Mayor familiaridad, imposible. Mientras que en la suya apenas si le dejó rascar bola la responsable del partido.

Ocurre sin embargo que lo que en Xàtiva puede resultar disculpable por ridículo, en la medida en que allí quien más quien menos se conoce, en Valencia no tiene perdón de Dios, porque en el Capi Casal nadie conoce a nadie. Sólo contadas personas están al corriente de que el en algún momento periodista Xavier Ribera Peris es el padre de Xavier Ribera Casado, el recién nombrado director de Iniciativas y Estrategias del Ayuntamiento de Valencia con un sueldo de 67.689 euros. Y, por tanto, no albergan siquiera la sospecha de que lleva cuatro años actuando como si fuera una Belén Esteban democristiana y valencianista. ¿Hasta el punto de matar por su niño, si menester fuera? Quiero pensar que no. Pero a Sandra Gómez la trató de malcriada y desquiciada y la conminó a cerrar el pacto de gobierno con Ribó de una dichosa vez. La lectura de sus escritos apunta además a que no pocas de sus admoniciones están tan tasadas como lo estaban las de los numerosos condotieros de la pluma que le precedieron en Valencia. Alguno brillantísimo, como el que sirvió durante décadas a Rafael Blasco. Está en su derecho a obrar como tal. Pero que lo aclare. Aunque sea a pie de página. Problemas con la Unión de Periodistas, que en lugar de rezar por el gremio eleva sus preces por causas perdidas como À Punt, no va a tener.