Vuelta al cole

Rosa Rodríguez
ROSA RODRÍGUEZ

Material escolar, transporte, comedor... Es uno de los desembolsos más importantes que, cada año, afrontan las familias. Un informe de la Unión de Consumidores de la Comunitat Valenciana señala que el regreso a las aulas de los pequeños cuesta, de entrada, entre 220 y 1.890 euros. En ese montante que oscila en función del tipo de centro -público, privado o concertado-, si no se está en el programa XarxaLlibres, pesa y mucho el gasto en libros de texto. Concretamente en esta partida, nuestra autonomía suma el precio más caro incrementando este ejercicio el dispendio medio a unos 207 euros, según apuntan los datos comparados del portal iAhorro. Estos días también retornan a las clases los miles de interinos que han aguardado en la canícula con la incertidumbre de dónde deberán trasladarse para trabajar durante los próximos meses. Quienes aún no han encontrado hueco tienen esta semana otra oportunidad en la segunda adjudicación anunciada por la conselleria de Educación para los puestos no asignados en la tanda de agosto. Es la lotería de las bolsas de trabajo que, en el mejor de los casos, premia con una vacante para todo el curso aunque esté a tres o cuatro horas del hogar del 'agraciado/a'. La precariedad laboral de los profesores que prolongan contratos discontinuos y a tiempo parcial durante años también vuelve al cole en septiembre. Pero la bola de nieve de la política de tuit y su endiablada etiqueta de dispares sandeces para titular el trillado «arden las redes» arrastrará de la esfera pública a éste y otros asuntos preocupantes.

José Luis Ábalos, quien nunca da puntada sin hilo, deslizó la evidencia justo después del pleno monográfico sobre el Open Arms: «Un partido político siempre está en campaña». Señoras y señores continuamos de lleno en modo electoral, puesto que nunca hemos salido de él en los últimos cuatro años. De cualquier manera, Moncloa se preocupa por mantener viva públicamente la llama del relato -o lo que es lo mismo en palabras de Isabel Celáa: «Seguimos trabajando por la configuración de un Gobierno en septiembre»- mientras se ocupa de engrasar la maquinaria. Las 300 medidas que Pedro Sánchez presentará este martes en un último simulacro de seducción hacia Pablo Iglesias para que propicie su investidura por el «sentido común progresista» que les une y a la vez les separa, son en sí un programa electoral. En el PSOE llevan desde julio abonando el terreno. En el PP respiran victoriosos al colocar a Isabel Díaz Ayuso en la joya de la corona y están empeñados en que España Suma, su marca registrada este verano basada en el copyright de Navarra, les salve del espanto de la fragmentación en otras generales. Ciudadanos por lo pronto les hace la cobra. En veinte días expira el plazo para disolver las Cortes Generales que consumaría el fracaso de la política. El otoño que viene no puede estar más encallado por los irresponsables.