El voto de los 'followers'

ROSA RODRÍGUEZ

Neil Postman sostiene en 'Divertirse hasta morir: el discurso público en la era del «show business»' que «la forma más clara de ver a través de una cultura es prestar atención a sus instrumentos de conversación». Según el último informe 'Sociedad Digital en España 2018', casi 10 de cada 10 jóvenes no hablan. El 98,6% de los que tienen entre 14 y 24 años solo se comunica a través de plataformas de mensajería instantánea, principalmente, WhatsApp. En líneas generales, más del 95% de los ciudadanos prefiere anteponer estos canales al cara a cara. No estamos ante una brecha segmentada en cuanto a milenials, centenials o 'generación mute' -'generación muda' a la que pertenecen los nativos digitales a los que les sobra lo de hablar- porque el mismo estudio de la Fundación Telefónica desvela que el 88% de las personas de más de 64 años interactúan con los suyos de la misma manera. El caso es que este paradigma se está normalizando en los estadios de nuestra sociedad. Puede que solo en 'la España vaciada' se añore con nostalgia cómo era la vida antes del smartphone que atonta a 'la España llena'. Ahora no se debate en el bar ni en la sobremesa para no perder el pulso 'en línea' del chat. Whatsapp es un yacimiento inagotable de difusión de 'branded content' -contenido de marca-, una vía libre sin filtros para la propaganda más pura que recibes con la guardia baja porque te la manda tu círculo, tu gente. No te hace falta pisar un mitin de Santiago Abascal escuchándole gritar al aire que «aunque todavía no lo sepas, tú eres de Vox» porque el eslogan te lo reenviará, antes o después, uno de tus contactos. No sentirás que se haya invadido tu intimidad sin tu consentimiento puesto que te llega de alguien en quien confías. Pero es, precisamente, esa puerta abierta de tu entorno donde está la única posibilidad de convencerte. Tacita a tacita, así funcionó en Brasil. Y así lo copió Abascal en su prueba piloto a la andaluza.

Astutamente la formación de «ultraderecha de verdad», como la define Feijóo, se ha anticipado a controlar las herramientas del lenguaje para abonar el terreno de la campaña que viene. Desde la aplicación masiva que alcanza a los mayores que no consultan internet pero sí tienen un teléfono inteligente, hasta la red social más influyente para los de 20. El disparate retrógrado protagonizará las escasas apariciones del líder con el objetivo de centrarse en bombardear los móviles e Instagram, donde suma más de 230.000 seguidores, el doble que Podemos (110.000) y a años luz de Ciudadanos (75.600), PP (59.400) y PSOE (43.400). No hay tracking ni encuesta que mida el porcentaje de voto oculto o indeciso entre tanto 'follower'. La euforia líquida es intangible en las urnas. Cunde el miedo ante un impredecible 28 de abril. Hay quien ve un Titanic «precioso». Y a quien el pánico le ha dado por hacerse 'youtuber'.