EL VOTO CAMBIANTE

La principal conclusión de la encuesta para las municipales es que en Valencia está todo por decidir, sobre todo la alcaldía

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

El mundo ya no es igual a como era hace 30 segundos», dicen en una película sobre la trastienda de los fichajes de estrellas en el fútbol norteamericano. Pues eso es lo que opino de lo que ocurre en las elecciones municipales del próximo día 26, en lo que respecta a Valencia. Las encuestas deben hilar tan fino que la fórmula d'Hondt no para de dar sorpresas a los políticos.

La publicada ayer mismo en estas páginas es una buena muestra. La última referencia que teníamos era el resultado de las elecciones autonómicas y su trasvase a los comicios locales. Apenas diez días después, el sondeo realizado para LAS PROVINCIAS altera el reparto de concejales, aunque mantiene la hegemonía del bloque de izquierdas por unos pocos miles de votos.

En esa situación cambiante es donde se moverá la campaña durante los próximos 14 días. Todo hace indicar que las expectativas del actual tripartito son un poco más altas, sobre todo debido al votante que identifica siempre a los gobernantes de turno como más fiables, por aquello del riesgo de cambiar de caballo.

Sea como sea, hasta la misma noche del 26 no se conocerá el nombre del próximo alcalde o alcaldesa de Valencia por muchos vaticinios que se hagan. Sí es claro el ataque coordinado de los partidos del tripartito contra la candidata del Partido Popular, María José Catalá, como quedó constancia en el debate celebrado por la Cadena Ser en la Universitat el pasado viernes. Es como si sintieran que al líder de Ciudadanos en el Consistorio, Fernando Giner, le tienen tomada la medida y temen más lo nuevo, aquello que no controlan tanto. Es una estrategia que puede convertirse en una tremenda equivocación para ellos y una suerte para la formación naranja porque con los datos de las autonómicas en la mano, el alcalde de Valencia sería él. Dicen que el voto en las municipales es el más personal de todos, el que examina más a los candidatos, su gestión y lo que dice. Veremos lo que pasa en los próximos días y la capacidad de arrastrar simpatías tras cada mensaje y visita a los barrios.

El PP ha comenzado jugando duro, que para eso el asunto es serio. El compromiso de eliminar los carriles ciclistas más conflictivos está bien para una parte del electorado, aunque no deberían insistir más. Deshacer obras no es lo mismo que volver a entrar en la catedral con la procesión cívica del 9 d'Octubre, cortar el grifo económico a las entidades que coquetean con el independentismo catalán o agilizar la concesión de licencias. El votante podría relacionar la primera idea con el despilfarro de dinero público, un tema tabú después de asuntos tan utilizados por el propio alcalde Ribó como el fallido circuito de Fórmula 1.

La encuesta consolida las expectativas de Podemos de manera sorprendente y reduce las de Vox. Pese a esa circunstancia, seguirán siendo indispensables para cualquier pacto de gobierno en cualquier de los dos bloques al darse por descartado que dos partidos puedan gobernar tras sumar los votos. Lógicamente están fuera de foco por la potencia mediática de los cuatro grandes, aunque no hay que olvidar que Rita Barberá dejó de ser alcaldesa al sumar un concejal más el actual gobierno tripartito.

Hace una semana justo destacaba la influencia de decisiones de gobierno en el voto, como ha ocurrido en las pedanías del norte y el veto al 'bou embolat' por parte de Compromís y el resto de los socios del tripartido por asentimiento. Mucho se habla estos días del efecto de las políticas de movilidad en el electorado después de años de críticas llegadas prácticamente de todas partes menos de los colectivos más subvencionados. El último botón de muestra, la denuncia de la asociación de comerciantes del centro de haber recibido amenazas por cuestionar las políticas relativas a la gestión del tráfico. Nada sorprendente en mi opinión.

Pero puede haber más consecuencias de esto, en asuntos tan delicados como la falta de limpieza de las calles o la proliferación de personas sin recursos, indigentes crónicos en ocasiones, que duermen en calles y jardines sobre cartones y mantas sucias. El desalojo de dos personas y sus pertenencias, incluidos sendos colchones, de una de las naves del Parque Central por la visita del alcalde, es para mí uno de los símbolos de la recta final del mandato. Igual que las acusaciones mutuas entre el PSPV y Compromís por no colocar las cámaras de vigilancias previstas en el parque contra el vandalismo.