Volver a fichar

El problema no es el control sino la imposibilidad de que se ajuste a las condiciones de trabajo de cada sector

Mª JOSÉ POU AMÉRIGO

En ese afán tan maximalista del gobierno Sánchez que le obligaba a ser el más ecologista, el más dialogante con los separatistas y más social de todos los tiempos, aprobó una medida sin matices: fichar en el trabajo. Desde el lunes todas las empresas tendrán que habilitar alguna fórmula para que los trabajadores marquemos cuándo entramos y cuándo salimos, cuándo vamos a comer o cuándo nos ausentamos para fumar. Es cierto que la decisión busca proteger a quienes hacen horas extra sin que conste en ningún sitio y, lo que es peor, sin cobrarlas. Sin embargo, su implantación sin excepciones, sin matices y sin diferenciar el tipo de tarea y la necesidad de estar o no en el puesto de trabajo no solo complica la vida a las empresas, sobre todo, a las pymes, sino que perjudica a aquellos trabajadores que hacen uso del teletrabajo. En un entorno laboral avanzado tecnológicamente y un mundo globalizado, el presentismo exagerado no da frutos ni resultados. Se puede estar en el puesto de trabajo sin avanzar ni un informe o tarea, y en cambio estar conectado desde otro lugar sacando adelante el trabajo. Cuando los planteamientos empresariales más avanzados hablan de flexibilidad horaria para conciliar la vida familiar y personal con el trabajo y para potenciar el bienestar del trabajador en aras de que rinda más, España implanta la obligación de fichar, que parece un retorno a los años 50 del pasado siglo. En nuestro país los datos de productividad son peores que buena parte de los países europeos y sin embargo en ellos las horas de presencia laboral son menores.

El problema no es el control sino la imposibilidad de que se ajuste a las condiciones de trabajo de cada sector. Ya quisieran muchos profesores fichar telemáticamente cada vez que dedican la tarde de domingo a corregir exámenes en lugar de ver su serie preferida, o empleadas del hogar ser consideradas a todos los efectos trabajadoras normales cuando les han contratado para 8 horas y terminan duplicándolas, o los falsos autónomos tener un tarjetero que chive todas las horas que se escapan de una jornada normal. La complejidad del mercado laboral es tal que una medida como ésa adoptada con carácter universal termina siendo injusta para algunos. Llegará el día en que nuestros dirigentes tomarán conciencia del problema y cambiarán las reglas del juego pero para entonces más de uno se sentirá damnificado. Y sabemos que, si ahora la ministra hace un alegato respecto a las multas y las siete plagas que caerán a partir del lunes sobre las empresas que incumplan el Real Decreto, es porque votamos el 26. Y pactan el 27. En este contexto cualquier marcha atrás en política social puede ser un riesgo demasiado elevado. Así, tendremos que confiar en que, pasado el periodo sensible electoral y la investidura, la revisión del tema con los agentes sociales ponga un poco de cordura y sensatez en su aplicación.