VOLVER A LAS ANDADAS

MIQUEL NADAL

Uno de los problemas de que tus hijos se hagan mayores radica en que la edad te inhabilita para encontrar en ellos la complicidad para hacer la colección de los cromos. A pesar de mi pesimismo notorio, y de mi proceder que tantas veces recuerda al personaje de Calimero, esta temporada va a ser de esas que demuestran nuestra fortaleza. El mejor homenaje es el álbum. Que nadie extrañe verme los domingos cambiando cromos en la Plaza Redonda. Hay que volver a las andadas. En la vuelta a las columnas sucede como la vida misma con los momentos de descanso, de olvido momentáneo de las contraseñas y de los compromisos que en septiembre deberán ejecutarse. Quizá el período de descanso te alcanza con la somnolencia de las humedades de las siestas, sobrado de peso, con torpeza en las ideas, y cansancio para buscar los adjetivos. Pero es llegar a las inmediaciones de Mestalla, y el niño que uno fue se reconoce en aquel mundo adolescente del Valencia Naranja, de los meses de agosto de ansia por el fútbol, con la confianza de que ese nuevo año de Liga fuera el que debía de colmarnos de ilusión, de últimos fichajes en los cromos, de colocas de cuando no existía Mendes. Quizá lo mejor de esta nueva temporada, la del Centenario, no consiste ni en la promesa de títulos ni en el optimismo inconsciente, sino en aspectos más livianos. Acostumbrarnos a que las inercias son buenas, y que para ser feliz en el mundo del fútbol, hay que olvidar la malsana tentación de compararnos con otros, centrarnos en nosotros mismos, nuestro regreso a la competición, y asumir que el mejor lugar en el que se cumplen las expectativas es el lugar en el que estamos nosotros, y los nuestros. Uno alcanza a pensar que la propiedad ya ha comprendido que no somos el Madrid ni el Barcelona, sino nosotros mismos, los que volvemos a las andadas, con el orgullo moderado con que siempre se vivieron los regresos del Valencia C.F. Celebrar un Centenario no es más que una convención, alcanzar un guarismo, ni más ni menos. Ni nos hace mejores, ni más sabios. Es simplemente un truco. Celebrar un Centenario no ha hecho a otros mejores, sino todo lo contrario. Cumplir cien años no les ha restado un ápice de mala pata. Lo mejor del nuestro va a ser la oportunidad que nos ofrece de reconciliar nuestra mirada, y esa extraña mezcla de caos, pluralidad, y celebración que resiste todos los himnos y todas las banderas. El que lleva décadas acudiendo a Mestalla sabe que todo esto no deja de ser una liturgia, un ritual, un homenaje a los que nos llevaron y ya no están, una seductora apelación a los que se reenganchan, al sobrino que verá ahora los partidos con nosotros, a los que se acercan en la ola de optimismo, a los que no se pide carnet ni avales. La nostalgia también nos hace grandes.

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