¡VIVA EL MAL! ¡VIVA EL CAPITAL!

ÁLVARO MOHORTE

Oiga usted, no se ría de la Bruja Avería. Si se ríe usted, señora, romperá la lavadora. Si se ríe usted, señor, romperá el televisor. No se ría, no derroche, que se va a quedar sin coche y mañana irá usted andando a trabajar sin afeitar y al llegar no funciona el ascensor y tampoco marcha el aire. ¡Por favor, qué calor! Todo el mundo está alocado. Se quemó el ordenador...» La generación que miraba la tele los sábados por la mañana en la década de los 80 seguro que es capaz de ponerle música a este himno que entonaba una Alaska de estética punk entre canciones tecno y pop.

'La bola de cristal' era un programa de televisión tan peculiar que incluía cortinillas hoy impensables, como una en la que se quedaba la pantalla en blanco y, tras unos segundos de silencio, decía «si no se te ha ocurrido nada, es que tienes que ver menos la televisión».

Las estrellas de la Movida madrileña desfilaban con dicharachera normalidad, haciéndose famosos entre los niños estrellas del entonces 'underground' capitalino como Pablo Carbonell, Pedro Reyes o Enrique San Francisco, además de músicos con estilos tan dispares como Loquillo, Kiko Veneno, Santiago Auserón o Javier Gurruchaga.

Sin embargo, lo que haría impensable este espacio en la actualidad no seria tanto su derroche de humor absurdo y series infantiles en blanco y negro (joyas del paleolítico televisivo como 'La Pandilla', 'La familia Monster' o 'Embrujada'). Tampoco lo sería la producción propia de vídeos con grupos tan dispares como Mecano, Franco Battiato, Radio Futura, Los Nikis, Eskorbuto, La Unión, Los Toreros Muertos, Golpes Bajos, Glutamato Ye-ye, La Frontera, Nacha Pop, Gabinete Caligari, Ramoncín o El Último de la Fila.

No. Su presencia sería imposible al no cortarse un pelo en lanzar mensajes políticos a las camada de la joven Democracia. Había un grupo de ricos con chistera, ellos y vestidos largos, ellas que rodeaban y devoraban una tarta en forma de mapamundi; «meapilas» era el insulto de los electroduentes y el grito de guerra de la bruja no era otro que «Viva el mal! ¡Viva el capital!».

Esta proclama tan naif y revolucionaria contó con un hermoso homenaje el pasado viernes. El conseller de Economía Sostenible, Rafael Climent González, reiteró su rechazo por Puerto Mediterráneo (ahora denominado Intu Mediterrani) «a priori», porque no le gusta «un marco neoliberal en el que haya una guerra competitiva perenne, continua, en la que unos hayan de crearse para matar a otros. Si algo tiene que hacer la Administración es velar por esa cohesión, porque si no, esto sería 'todo el monte es orégano' y todo el mundo podría hacer lo que le dé la gana en cualquier momento y en cualquier lugar mate a quien mate». El fin del mundo está cerca... y nos falta un voltio.

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