LA VIDA ES TIMO

RAMÓN PALOMAR

En terrenos ilegales repudiamos a los sanguinarios y a los ejecutivos cuelliblancos que escamotean los ahorros de nuestras abuelas. A los carteristas de vieja escuela dotados de veloz digitación como de pianista Lang-Lang se les respetaba porque fueron los últimos dinosaurios (véase la mística 'Pickpocket' de R. Bresson). En cuanto a los timadores, hombre, pues según. Los arquetipos de perfil a lo Tony Leblanc segregan un lado entrañable, pero otros no tanto...

Los timos son como las bromas. Si lo reciben otros provocan nuestras risa y apelamos al sagrado sentido del humor, pero cuando somos nosotros los estafados o los protagonistas del bromazo, entonces no nos hace ni puta gracia. Ahora nos ha tocado a nosotros, los valencianos. Cuatro millones de pavos de la EMT evaporados hacia tierras asiáticas así por la alquimia del birlibirloque cibernético. Fallaron los controles, el protocolo, el fistro de seguridad, lo que ustedes prefieran, pero eso cuatro millones han volado hacia Hong-Kong, donde por cierto, si nos fíamos de otra magnífica película, 'El hombre de las mil caras', desembocó el dinero que se embolsó el legendario Paesa. Se movilizan desde el ayuntamiento para recuperar la pasta, pero uno acusa cierto pesimismo y me huele que el dinero desaparecerá para siempre como ese vecino que una tarde marchó a comprar tabaco y jamás regresó. Se burlan mucho mis amigos porque no uso la banca esa on-line. «¿Ah, pero tu aún vas a la sucursal?» Sí, y no actualizo la cartilla porque eso me lo arrebataron. Me proporcionaba una enorme felicidad de estilo 'planiano' eso de actualizar la cartilla de ahorros, verdadera biblia de los pequeños burgueses. Paso de la banca vía internet porque soy cibertarugo. Me podrán timar algún día, claro, pero será cara a cara y sin traicioneros chismes tecnológicos.