Vida

Antonio Badillo
ANTONIO BADILLOValencia

Abro los ojos y todo lo que veo es vida, empujada por una fuerza vigorosa que impele a beberla a gollete, porque nunca sabes si habrá un mañana. Puedo percibirla detrás de ese pestañeo nada casual con el que sabes derretir el hielo que generó la penúltima travesura o cuando te veo atrapar frases de un libro de poesía para subirlas con tu foto a una red social. Vida que flota sobre la algarabía juvenil que despierta a la madrugada, se oculta en el puño apretado de Rafa Nadal tras cada bocado de gloria o viaja a bordo de la esperanza de los 629 del Aquarius, testigos del pulso entre la bondad y la propaganda. La vida ríe con tu risa, acorazada por los brackets que la harán aún más bonita. Rejuvenece en cada discusión adolescente dirigida a quebrantar la autoridad que no pretendo. Es resplandor en las miradas limpias y dique frente a los tipos oscuros. Omnipresente, multiforme, la vida lo envuelve todo y no se me ocurre un solo argumento para darle la espalda. Si la fuerza te abandona y me pides consejo, siempre te diré que gires y gires el cubo de Rubik hasta encontrar el color de tu alma. De la vida. Pero yo nunca he estado encadenado a perpetuidad a una sonda, como Ramón. Jamás me han transportado en una cesta entre chutes de morfina, del sofá a la cama y de ahí al baño, como a María José. No sé lo que es hundirme en el dolor infinito de la fibromialgia que arrasó a Charlee. O respirar la asfixia del laberinto de cristal de Noa. Por eso deduzco que la vida tiene una cara oculta que puede llagar con grilletes invisibles, y comprendo que los cuatro decidieran rechazar su beso frío. Al resto nos corresponde respetar esa voluntad última que sólo a ellos atañe en lugar de condenarlos a una despedida clandestina. Si la justicia la hacen los hombres, humanicémosla de una vez. Tan peligroso es jugar a ser Dios como arrogarse la potestad de hablar a la ligera en su nombre. Piedad.