Veranos felices

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Suena 'naïf' eso de dedicarnos a lo importante antes que a lo urgente. Resulta ingenuo si no fuera porque la vida, que es tan perversa como maravillosa, nos lo impone. De un fogonazo. Cuando las cosas se tuercen, es decir, cuando la fatalidad hace de las suyas y a los nuestros, las prisas se congelan. No importa que fuera estemos a 35 grados. La adversidad nunca se toma vacaciones, pero ni agua a aquellas personas que minusvaloran los finales dichosos tanto en la ficción como en la realidad. Sin ellos no podríamos avanzar. «Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir», escribió Joan Didion. Que los próximos relatos sean luminosos, como marca el calendario, y si viene algún golpe que sea de suerte. Siempre. Con los veranos felices (sin sobresaltos y con salud) me gusta ser reincidente y comprobar aquello del refrán y la piedra. Exacto, lo de tropezar varias veces con ellos.