Verano público y privado

La falta de respeto de las autoridades por las iniciativas empresariales bajaría la moral a cualquiera

F.P. Puche
F.P. PUCHE

Esta semana, el cocinero Quique Dacosta estalló contra el Excelentísimo: delante de su restaurante le han dejado el contenedor de escombros de una obra que hay en la acera de enfrente; el trasto, unido al feo contenedor de basura que también tiene frente al local, le espanta la clientela.

No es un asunto pequeño, no es un tema de patio de vecindad. A mí, al menos, me lleva a darle vueltas a algo que me mosquea desde hace algunos años: la falta de respeto -o de cariño- de las autoridades hacia la iniciativa privada. Porque aquí y allá, a casi todas horas, podemos anotar ejemplos que, si yo fuera empresario, me bajarían la moral a la altura de los zapatos.

La Piscina Valencia ha reabierto esta semana después de la reforma que una empresa concesionaria ha hecho en los últimos cinco años. No abundan las iniciativas dispuestas a invertir diez millones de euros en la renovación de un centro deportivo que estaba avejentado después de casi medio siglo. Pero concluido el proyecto, el 'premio' que el Ayuntamiento ha reservado a estos emprendedores ha sido la visita, sin protocolo alguno, de la concejala de Deportes. ¿Dónde estaban el alcalde y los vicealcaldes? Sin faltar el respeto a nadie, una inversión de ese calibre, la superación de un problema muy grave que tenía la ciudad, merecía un nivel de reconocimiento público muy superior.

Veamos qué está haciendo el departamento de Turismo de la Generalitat, que este verano está dando cine gratuito en las playas de 18 municipios, una idea copiada del Ayuntamiento de Valencia, que desde hace años da cine «de gorra» en los jardines del parque del Turia. No es un invento valenciano, claro: París y Nueva York están dando estos días cine gratuito en los parques. Pero yo me pregunto por la opinión de los empresarios de los cines comerciales; y de los cines al aire libre, que todavía «resisten» pese a viento y marea.

En Londres, sin embargo, el modelo es otro: tienes cine al aire libre en muchos sitios, incluso puedes ver una película dentro de un refrescante «jacuzzi», compartido con otras siete personas, conocidas o desconocidas. Pero la tarifa empieza en 19 libras y las empresas son concesionarias privadas.

El IVAM, que sigue decidido a tener una fanzinoteca, ofrece agua vaporizada nocturna, y música chunda-chunda, a docenas de jóvenes, locales y forasteros, que no sé si habrán tenido tiempo de visitar su colección. Mientras tanto, la Fundación Bancaixa y el Ateneo Mercantil, le están robando el público convencional con los lienzos de Julio Romero de Torres o el montaje que recrea la vida de Van Gogh.

Sí, se trata de dar alicientes veraniegos. Pero se trata, sobre todo, de respetar, premiar e incluso fomentar la iniciativa privada. Si la idea de la fuente chorreante en la explanada del IVAM hubiera sido privada, seguro que la consellería de Cultura hubiera denegado el permiso; porque bajo hay una sala de exposiciones y seguro que ya tiene goteras.