Yo soy la venganza

Son jóvenes que han experimentado una profunda fractura en su identidad y en su autoestima

VICENTE GARRIDO

La semana pasada expliqué por qué resulta tan difícil que los estadounidenses acepten la restricción del uso de las armas, y daba por hecho que el lector estaba de acuerdo en que la causa principal de los asesinatos múltiples es la presencia absurda de pistolas y armas de asalto en el carro de la compra. Si en España todos los que se insultan y se pelean con ayuda del alcohol pudieran echar mano de una Glock o una Smith&Wesson, nuestro índice de homicidios subiría muchos enteros. Pero hay otras razones que explican esta acción criminal, y paso a comentarlas brevemente.

La primera es la psicología de los asesinos. Son jóvenes que han experimentado una profunda fractura en su identidad y en su autoestima. Odian quiénes son, el fracaso personal y social en el que están instalados, ya que en efecto en su corta biografía es habitual encontrar episodios importantes de deterioro escolar y graves problemas de relación (aceptación) por sus pares. Todo este dolor emocional se libera culpando a los demás; suelen dejar a su familia al margen, con la que raras veces se sinceran acerca de sus sentimientos y problemas. El joven se convierte en un 'coleccionista de agravios', y progresivamente empieza a fantasear con la idea de la venganza, que le calma en su dolor, porque pensar en la imagen de un vengador armado dando 'su merecido' a quienes le humillaron genera en él una nueva identidad, ya no la de un perdedor, sino la de un hombre de acción que finalmente hace justicia. La parafernalia militar que exhiben con frecuencia sirve para dar una forma más real a su fantasía.

Como todo acto de violencia múltiple, es muy difícil de prevenir, aunque -como en este último caso- se hubiera dado la alarma, dado que no hay criterios claros que indiquen que un joven va a hacer algo así, como no los hay en la mayor parte de los homicidios de mujeres y en muchos de los que van a cometer atentados terroristas. Obsérvese además que una gran parte de estos tiroteos en escuelas se producen en poblaciones pequeñas, no en grandes ciudades, lo que nos indicaría que estos jóvenes no tienen la oportunidad de participar en las subculturas de la delincuencia que existen en aquellas. Para ellos, romper con su presente intolerable supone cometer una atrocidad. Que muchos de ellos se suiciden o acaben muertos revela su profunda desesperación.

Esto nos lleva al problema de los valores de la sociedad, y el tipo de convivencia que se construye, porque todo tipo de violencia se acomoda a su cultura y tiempo. El éxito en Estados Unidos es una religión, algo que se imprime en el código genético de las generaciones, por eso el 'perdedor' es visto por amplios sectores de la sociedad como un paria o merecedor de su suerte. Sumen a esta condición problemas mentales no detectados, muy numerosos, y añádanle un arma de asalto.

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