¡NO SE VAYA USTED, DON VICENTE!

¡NO SE VAYA USTED,  DON VICENTE!

Peligra el legado de Blasco Ibáñez por las discrepancias entre el Ayuntamiento y la familia del escritor. ¿Estamos abocados a otra pérdida cultural?

RAFA MARÍ

Sorolla. Valencia no ha sabido encontrar la fórmula y el patrocinio para tener un Museo Sorolla. En nuestra ciudad diversas instituciones poseen magníficas obras de Sorolla: el San Pío V, el Ayuntamiento, la Colección Lladró, la Fundación Bancaja, la Diputación... A la hora de la verdad no se ponen de acuerdo para unir fuerzas. Ahora asistimos atónitos a una polémica en torno a otra gran figura: por las discrepancias entre la familia del escritor y el Ayuntamiento, Valencia puede dejar de ser la sede del valioso legado de Vicente Blasco Ibáñez. ¿Estamos abocados a otra importante pérdida cultural?

Pinazo, Renau. No todo son fracasos en ese sentido. Gracias a inteligentes acuerdos entre diversas entidades y herederos, en el IVAM tenemos amplios fondos de Ignacio Pinazo y Josep Renau. El San Pío V posee una hermosa colección de primitivos valencianos y de pintura del XIX. La Casa-Museo Benlliure en Valencia no es lo que podría ser, pero ahí está, digna y aseada en la calle Blanquerías. En Alicante, el MACA alberga la Colección Eusebio Sempere. En Monóvar, la Casa Museo Azorín guarda enseres del escritor y 14.000 volúmenes de su biblioteca. En Sueca, el Museu Joan Fuster conserva miles de libros, fotografías y cartas y más de 300 obras de arte de la colección del ensayista...

Napoleón. Parafraseando a Napoléon, podríamos decir: «Un país sin memoria es como una fortaleza sin guarnición». Es triste la imagen de un territorio sin memoria. ¡El destructivo alzheimer cultural! A la hora de reconstruir la historia valenciana, todos son nuestros hijos. Todos tienen cosas que contar(nos). De modo destacado, las personas relevantes.

Derrotas. En esa pugna por no olvidar notables capítulos de la memoria colectiva hemos tenido severas derrotas. Una de ellas, la pérdida de proximidad con la Dama de Elche. El busto de la escultura íbera, del siglo IV a C., fue hallado casualmente en 1897 en el yacimiento de l'Alcudia (Elche). Cuando apenas existía legislación sobre la defensa del patrimonio histórico, fue vendida al Museo del Louvre de París. España recuperó la escultura en 1941. Desde 1972 se expone en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Esta historia la cuenta con excelente documentación la arqueóloga valenciana Carmen Aranegui en su libro 'La Dama de Elche', publicado recientemente por Marcial Pons.

Pregunta clave. Es momento de volver a hacernos una pregunta clave: ¿por qué la Dama de Elche está en Madrid y no en su lugar de nacimiento (vamos a llamarlo así)? Nadie responde satisfactoriamente a esa cuestión. Todo son excusas centralistas.

El Mediterráneo. En 'Habitar el Mediterráneo', exposición comisariada en el IVAM por Pedro Azara y que nos habla de manifestaciones culturales y arqueológicas en nuestro mar desde hace veintitantos siglos a la actualidad, no hay ninguna referencia, siquiera sea de pasada, a la Dama de Elche. Tampoco hay referencia alguna a grandes damas de la vanguardia valenciana, artistas que han luchado siempre, como ciudadanas y como creadoras, en defensa de la mujer y de su visibilidad artística. Pienso en Manuela Ballester, Juana Francés, Jacinta Gil, Ana Peters, Ángela García, Isabel Oliver, Ángeles Marco, Carmen Calvo, Rosa Torres, Mavi Escamilla...

'Flor de Mayo'. En el prólogo ('Al lector') de su segunda novela, 'Flor de mayo' (1895: su tema no puede ser más mediterráneo), cuenta Blasco Ibáñez: «Muchas veces, al vagar por la playa, encontré a un pintor joven -solo tenía cinco años más que yo- que laboraba a pleno sol, reproduciendo mágicamente sobre sus lienzos el color invisible del aire, el azul palpitante del Mediterráneo (...) Este pintor y yo nos habíamos conocido de niños, perdiéndonos luego de vista. Venía de Italia y acababa de obtener sus primeros triunfos. Era Joaquín Sorolla».

Peligro. La memoria documental de Blasco Ibáñez, litigio que amenaza con acabar en los tribunales, es el peligro cultural y sentimental del momento. Al igual que ocurrió con la Dama de Elche, ese legado puede acabar en Madrid (Biblioteca Nacional). Ante ese peligro, solo se me ocurre decir en tono compungido: «¡No se vaya usted, don Vicente!».