UN VASO DE AGUA, POR FAVOR

Florecen iniciativas para imponer por ley lo que ya existió en el pasado: dar de beber gratis al sediento, en bares o donde sea

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

De repente han empezado a florecer iniciativas para imponer por ley que bares y restaurantes faciliten agua del grifo gratis a quien la pida, incluso que se dispongan de oficio jarras de agua potable en las mesas de los establecimientos hosteleros, como se hace con toda normalidad hasta en París, a expensas de que luego, llegado el caso, a los comensales les dé por pedir la carta de aguas minerales, más caras que algún vino.

Bienvenidas tales voluntades que ya son obligatorias en Andalucía y están en proceso de instaurarse en Navarra o Baleares, mientras empieza a 'moverse' en igual sentido en tierras valencianas y, lo más seguro, se acabará extendiendo a toda España. Porque el agua no se puede negar a nadie, es obvio, y cualquier alma de buena fe lo sabe y lo aplica, mientras se ha ido extendiendo el mercantilismo extremo que niega un vaso del grifo en la barra de bares y demás, exigiendo el cobro por tal servicio y el consumo de botellas. Sin duda esos abusos llevan a las nuevas exigencias y a tener que legislar, porque hasta se ha perdido mucho la básica norma de cortesía en relación a dar de beber al que lo necesita, en bares o donde sea.

Sin embargo el asunto ofrece muchas más aristas. Por ejemplo, ¿habrá de considerarse obligación legal sólo dar de beber agua del grifo a todo aquel que la pida, por no tener dinero o ser un 'rata', o la pretensión va más allá, para establecer por sistema que se sirva en las mesas agua potable en vez de botellas de agua mineral? Porque lo que defienden algunos postulantes de esta materia también va por ahí: citan como endiablado el 'negocio' del agua, también la generación de residuos de envases que quieren evitar. Y por esta parte se chocará seguro con vertientes económicas y empresariales. Incluso de empleos, ya verán argumentos de todo signo.

A todo esto, se viene a plantear como una novedad, cuando es un principio básico de la doctrina de la Iglesia: «dar de beber al sediento, de comer al hambriento y posada al peregrino». Está muy bien que se establezca ahora como un derecho humano fundamental de las personas y se obligue por ley a cumplir, pero no olvidemos el origen, encarnado en los fundamentos de la civilización cristiana. Ni tampoco que décadas atrás, incluso bajo el régimen franquista, ya era obligado que se diera agua gratis en los bares, y que los restaurantes tuvieran entre su oferta menús económicos y saludables.

Luego vendrán también cuestiones relacionadas con la calidad intrínseca del agua de cada sitio, que puede ser muy potable pero tener mal sabor, por lo que servirá para aplacar una sed de emergencia pero no tanto para acompañar una cena con mantel de tela. De igual modo se verá la higiene de cada lugar, si se sirve del grifo del fregadero o de otro especialmente previsto para tal uso. Y finalmente puede que alguien plantee si eso de servir el agua a granel no estará algo reñido con otras normas que lo impiden con el aceite, por ejemplo.

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