Valencia en José Hierro

MARÍA RUIZ

Canta, me dices, y yo canto» José Hierro, hasta que no me quede más voz. «¿Cómo callar? Mi boca es tuya». Te leo y me quiere venir a la cabeza tu paso por Valencia. Te llegaste aquí muy joven, recién salido de la cárcel, donde habías estado cinco años al acabar la guerra. Veintidós tenías cuando viniste con tu amigo José Luis Hidalgo, un maestro de escuela movilizado por el franquismo para tristes quehaceres. Y fue aquí, precisamente, donde descubriste la poesía y la literatura. Tu Cantábrico perdió bravura y ganó luz en el Mediterráneo y Valencia te puso en el camino de las letras, donde por primera vez fuiste un hombre libre.

Aquí se te marcó a fuego esa costumbre que te duró ya toda la vida. La de no escribir jamás en casa, sino en la mesa del café o taberna que te acogía junto a tus amigos de tertulia, rodeados por el humo de tabaco de picadura.

Y empezaste a llenar papeles deshabitados en el viejo Café del Gato Negro. ¿Sería el desaparecido de la plaza de la Merced? Allí, con Ricardo Blasco, los hermanos Alejandro y Vicente Gaos y Pedro Caba Landa formaste la tertulia de nombre heredado del garito, que años más tarde sería también cuño de un grupo literario.

Entonces, no sé si eras ya «de vientos y de otoños», «de agrio sabor a frutas», «de playas y de nieblas». Pero te gustó o te disgustó tanto lo que sí eras que participaste en la fundación de dos revistas de letras para contarlo. 'Corcel' una y 'Proel' la otra. En esta última publicaste al año de irte de Valencia 'Tierra sin nosotros', tu primer libro de poemas. Por aquí paseaste rostro sombrío de posguerra y renació un desarraigo que persiguió a tu obra de por vida.

Pero luego también fuiste «de mar reposando en la bruma, de campos y albas ciudades, con un gran corazón de música». Como ella.