Vade retro

No podemos prescindir del demonio porque necesitamos dar entidad real a la maldad, porque esta es bien real en sus efectos

VICENTE GARRIDO

La semana pasada, en Roma, se impartió un seminario donde concurrieron 241 sacerdotes de 42 naciones diferentes para analizar y perfeccionar el ritual del exorcismo, un evento único en el mundo, y que solo acontece muy de tarde en tarde. El profesor de Teología y sacerdote español Pedro Barrajón declaró que «el interés en el diablo crece cada año. En un mundo secularizado que se aleja de Dios, cada vez hay más espacio para el demonio», y que España era, después de Italia, el país con mayor número de exorcistas en el mundo. En total hay 400 que ejercen como tales, unidos en la Asociación Internacional de Exorcistas, reconocida por el Vaticano.

Es curioso lo que afirma el exorcista español. ¿Por qué hay tanto interés en el diablo cuando cada vez hay menos creyentes, mientras que el infierno se toma como una mera figura retórica? Lo cierto es que el Papa Francisco fue algo ambiguo acerca de la existencia material del infierno en unas declaraciones realizadas en marzo de 2018, pero con respecto a Lucifer es más contundente, y ha repetido varias veces que el demonio existe, y que «no es un cuento para viejas».

En realidad, infierno y demonio son figuras independientes, y en contra de lo que parece el segundo no necesita al primero: baste que el condenado sea privado de la gloria eterna para que el castigo sea abrumador, sin necesidad de que exista un espacio de llorar y crujir de dientes envuelto en un fuego inacabable.

Así pues, a la gente no parece preocuparle mucho el infierno, pero sí el demonio. Hay, gracias a internet, muchos foros de seguidores satánicos, y la posesión diabólica y sus variantes constituyen un clásico en las discusiones y productos culturales que se ha revitalizado en la sociedad digital. En mi opinión, no podemos prescindir del demonio porque necesitamos dar entidad real a la maldad, porque esta es bien real en sus efectos. Satanás puede existir como entidad siniestra y autónoma, no lo niego, pero está claro que se encarna cada vez que el ser humano se deleita en el sadismo y la destrucción del prójimo. En otras palabras: su poder proviene de todos aquellos que, creyendo o no en él, le sirven gustosos.

Que en España haya tantos exorcistas no deja de ser inquietante... ¿hay aquí una casuística de posesión demoníaca que desconozcamos y que sea notable en comparación con otros países? ¿O es que hay más afición entre los sacerdotes españoles por aprender estos ritos dramáticos? En todo caso, bien está que haya personas que observen con ojos expertos a los espíritus enajenados entre signos de posesión, cuerpos estigmatizados y sufrientes. El mayor peligro son los que nos seducen y nos hacen creer que el infierno es, en realidad, el paraíso; a los demás se les ve venir. Hagamos lo que sea menester para que su posesión y la nuestra no nos lleve conjuntamente a la perdición.