EL ÚLTIMO PARTIDO

KIKE MATEU

Escribir de miércoles para jueves en este maravilloso rincón de LAS PROVINCIAS tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es que puedo contar con letras lo que siento antes de cada partido de jueves del Valencia. Antes en la Copa y ahora en la Europa League. Pero un gran inconveniente: después de lo del jueves pasado en Mestalla habría escrito todo el periódico yo solo. He pasado casi una semana loco por escribir y sigo sin recuperarme. Los periodistas -siempre lo recuerdo- tenemos un solo equipo de fútbol, la verdad. En él jugamos cada día y por él tenemos que pelear cada partido. Cada noticia. Pero una vez cumplimos con la profesión, el corazón sigue latiendo. Y, como comprenderán, después de 20 años de mi vida siguiendo y narrando en la radio partidos al Valencia en todos los rincones del mundo, mi corazón late muy fuerte en blanquinegro en noches como ésta. Nunca olvidaré el pasado jueves. Como les escribí hace una semana, te despiertas diferente por la mañana y no puedes dormir por la noche. Y qué noche. La llegada del equipo impresionante. El himno regional a capella fundiéndose con el tifo a la salida de los jugadores, sencillamente incomparable. Y luego el partido, su tensión cortada con un cuchillo, su igualdad en el miedo a caer y el gol. Rodrigo lo cambió todo. Devolvió al Valencia a su lugar. Al último partido del torneo. Las escenas posteriores son ya por todos conocidas: miles de personas en la Avenida de Suecia, jugadores en el balcón, fiesta por los cuatro costados y felicidad. Sobre todo felicidad de esa gente que tanto ama sus colores. Qué alegría sentí por ellos. Vuelven a una final. Algunos por primera vez. Aún hay quien se preguntaba, desde tan lejos como la capital de España, el por qué de tanta euforia. No lo puedes entender si no eres del Valencia. Hoy vuelve la Europa League. Esto sigue. Con una final en el zurrón y muchas cosas por vivir. La Champions está cerca vía Liga y otra final asoma en el horizonte lejano, la que regala Champions al campeón. ¿Por qué no soñar? Conseguida la primera, poco hay ya que perder. Quedan dos competiciones y mucho tiempo para conquistarlas. La presión quedó atrás. El miedo a perder murió la noche copera del Getafe. La solidez defensiva aumenta y hasta el Valencia ha vuelto a ganar en casa sin sufrir. Quien lo iba a decir en el frío diciembre. Cuando Marcelino estaba en la diana. Cuando muchos sabios del balón querían ver su cabeza guillotinada al amanecer. Los que le mataban (que no criticar, que es otra cosa) no saben ahora dónde meterse. No sea que alguien les recuerde el tremendo papelón que supone hacer discursos apocalípticos que después la realidad aplasta sin piedad. No está confirmado, pero parece que finalmente Voro no vuelve esta vez ¿no? Qué risa.