Turistas por Valencia hoy y hace un siglo

Turistas por Valencia hoy y hace un siglo
MIGUEL APARICI NAVARRO

El Turismo por Valencia, hoy, salta a la vista de todos. Numerosas playas, de banderas azules. Miríadas de apartamentos costeros y decenas de hoteles, incluso casas rurales. Recorridos por el corredor mediterráneo, normalmente, al volante. Cruceros megas y pernoctaciones baratas de maletas rodantes. Calles inundadas de bicicletas y patinetes y, evidente, tiendas y comercios estandarizados por mor de las franquicias.

¡Claro que no fue siempre así! Hemos tenido épocas de turismo autóctono. Cierre de la Batalla de Flores y carreras a las villas del fresco piedemonte nórdico valenciano, en trenet y tartanas. Subida de los huertanos a tomar aguas en los balnearios pueblerinos del Bajo Aragón. Al tiempo que Fomento del Turismo y su revista 'Valencia Atracción' nos abrían escenarios próximos y hasta comenzaban excursiones programadas en un primerizo autobús discrecional. Décadas de Buñol como 'La Suiza Valenciana', gracias al utielano tren, o del Balneario de Hervideros, de los Casanova, con taxi recogedor en los bajadores de Requena o Almansa.

Mientras, incluso nosotros mismos, nos hemos ido modernizando en dirección a las segundas residencias estilosas de Denia y Jávea. O nos hemos apuntado a los parques acuáticos y hasta al nuevo concepto de la 'Ciudad de Vacaciones' castellonense. Si no es que nos embarcamos, también, en cruceros y vuelos escapistas 'low cost'. Después de haber visto durante años, con envidia, a los foráneos en nuestros nuevos (ninguno en monumento histórico) tres Paradores Nacionales costeros y contemplado el pasar del 'Tiburón' Citroën, con la cáscara pegada de la 'roulotte', camino del cullerense camping Santa Marta; de circular tentadero toril incluido.

No hace un mes que Vicente Lladró entresacaba de las páginas centenarias de LAS PROVINCIAS el interés de nuestras autoridades por participar ¡en el congreso turístico de Barcelona!

Y señalaba como los tres peores problemas del 'negocio' la necesidad de la mejora de correos, telégrafos y teléfonos (tema superado por los móviles), las brigadas de reparaciones y limpieza de la ciudad (inconveniente que, curiosamente, se ha agravado) y los arreglos de carreteras a los sitios turísticos; que, si bien ya no se trataría de asfaltos, sigue carente en el de las económicas comunicaciones que no sean mediante vehículo privado.

Un siglo después, ¿qué pegas le podemos poner a nuestro turismo valenciano de hoy (por si cuela…)? El cierre al mediodía de muchos museos y monumentos. No olvidemos que los centrales y nordeuropeos tienen otro sistema de vida: en comida, en trabajo, en horarios. Nosotros disfrutamos de 'todo el día abierto', (9 de la mañana a 6 de la tarde) cuando les visitamos. Pero aquí los dejamos a la intemperie, justo cuando han terminado de comer: al mediodía temprano. En las horas de máximo calor es fácil encontrarse con 'cigalas' deambulando -sofocadas- con un mapa en una mano y un botellín en la otra. Y no tenemos excusa, salvo la de nuestra siesta y nuestro tardío cierre de persianas vespertinas; porque los aires acondicionados ya hace tiempo que están inventados.

La costumbre de cerrar en domingo (por fortuna, cada vez menos) y, sobre todo, los lunes. Pues cuando se viaja con afán cultural, se suele aprovechar el fin de semana y, en muchas ocasiones, los regresos son en lunes por la tarde o, incluso, en martes; dejando al visitante huérfano de exprimir al máximo sus horas últimas. Mucho más sentido tendría 'descansar' los miércoles. No afectaría a los 'finsemaneros' y poco a los que llegan a pasar la semana laboral completa.

La existencia de importantes cenobios cerrados por motivo de su característica vida de clausura. Pongamos Portacoeli, en Valencia, y Benifasar, en Castellón. Para lo que debería de haber una solución. ¿No abren los lords ingleses sus palacios domésticos cierto día y a ciertas horas, retirándose a aposentos más privados? Sí…, bien que lo hacen por 'negocio' y supervivencia económica en muchas ocasiones; debido al elevado gasto de dichas monumentalidades. Pero…, ¿acaso ambos cenobios citados no fueron, cuando ya estaban en completa ruina, reedificados por protección estatal y con gracioso (¡a Dios gracias!) reacomodamiento de sus santos ocupantes? No es solución, como en el de Tenencia de Els Ports abrir 'los jueves, de una a tres del mediodía' u hora de comer. ¿Qué tal un domingo por la mañana o una tarde de sábado poder disfrutar de una misa en el precioso resto de cruz de ábside cisterciense que conserva? ¿O, en el de Portaceli (que sí ofrece oficio religioso a los campistas en su capilla limítrofe), dejar pasar al grupo a ver la magnífica nave de la iglesia y sus extraordinarias pinturas?

Y, por 'terciar',… ¿tan difícil es que los ayuntamientos, que se llenan la boca con su deseo de atraer turismo al pueblo, mantengan los sábados y, en particular, los domingos esos autobuses comarcanos y recónditos que cada día laborable subvencionan para llevar a sus pocos niños a los colegios y a sus bastantes vecinos ancianos a los hospitales?