LOS TURISTAS MERECEN UNA CIUDAD MEJOR

La tasa que se quiere cobrar a los visitantes sólo se puede defender con una mejora sustancial de los servicios

LOS TURISTAS MERECEN UNA CIUDAD MEJOR
Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Será el calor o las heridas que todavía supuran de los recientes pactos de gobierno, también por la necesidad de evitar la modorra de agosto, el caso es que desde hace unos días se vuelve a hablar de la tasa turística en la Comunitat, algo que en España sólo está vigente en Cataluña y Baleares. La pregunta es qué se ofrece a los visitantes a cambio.

Ayer mismo publicamos en LAS PROVINCIAS un amplio reportaje sobre las quejas de los turistas y los puntos débiles de Valencia, en suma, dónde hay que mejorar. Algunas denuncias son obvias y conocidas de sobra por los que viven en la capital. Ausencia de baños públicos, demasiada suciedad en las calles y una inexplicable presencia abusiva de pintadas en fachadas, muros y puertas del centro histórico. El listado abunda también en los malos olores que emanan del alcantarillado y de los contenedores, así como de poca oferta de transporte público con frecuencias de paso adecuadas.

¿Mejorará todo eso con la tasa turística? Tengo serias dudas, lo mismo que el gobierno municipal de Compromís y el PSPV. No nos engañemos pese a las palabras del alcalde Joan Ribó a favor de este cobro. El documento del pacto con Sandra Gómez dice: «Estableceremos, con la aprobación previa de la Generalitat y consensuado con el sector, un impuesto turístico progresivo que permita al Ayuntamiento destinar su recaudación a compensar los gastos producidos por la presión del turismo, así como a mejorar la calidad de esta actividad y promocionar y proteger los aspectos singulares de la ciudad». Lo más importante es el arranque, o sea, aprobación previa y consenso con el sector. Ya podemos sentarnos a esperar a que eso ocurra porque es bastante improbable.

Todos hemos pagado la tasa al viajar a otras ciudades europeas como Roma, París o Amsterdam. Los visitantes aguantarán por lo tanto rascarse el bolsillo en Valencia y ese no es el problema, sino que realmente sirva para mejorar la atención a los turistas. Citaré un ejemplo: Llegada de un vuelo repleto a Manises un día festivo y, en apenas unos minutos, una cola interminable que se forma delante de las máquinas de Metrovalencia para comprar los billetes, donde muchos de los usuarios pelean con instrucciones que no entienden o modalidades de tarifa desconocidas. Si la tasa supone que haya personal para atenderles, entonces adelante.

Un fin de semana cualquiera de atasco en la Marina. Ser el segundo lugar de la ciudad que atrae más visitantes y contarlos ya por millones tiene su reverso en la falta de transporte público y Policía Local por las noches. Cuando coincide un concierto, una feria y la oferta habitual de restaurantes y salas de fiesta, aquello se parece más al centro de Valencia en Fallas. Si la EMT y Metrovalencia refuerzan el servicio nocturno, si hay más agentes para desenredar las colas de coches, entonces adelante.

El otro día contaba el recién nombrado concejal de Limpieza, Sergi Campillo, destacaba que las brigadas habían limpiado de pintadas la superficie equivalente a algo más de tres campos de fútbol. Cómo debe estar el centro histórico para que los vecinos apenas lo hayan notado. Los residentes aseguran que los últimos cuatro años se ha mirado a otro lado con determinados artistas y no se les ha multado. Si la tasa supone que Valencia dejará de ser una ciudad abierta a la suciedad del espray en propiedades públicas y privadas, entonces adelante.

Ya son palabras mayores lo que se refiere al urbanismo, lo que no creo resuelva el pago de los turistas. Pese a eso, conviene recordar que las plazas del centro están igual que en 2015, cuando se anunciaron grandes remodelaciones. El entorno del Mercado Central apenas ha mejorado, por mucho que la propaganda habitual elogie los maceteros y bancos puestos como si fueran obra de Bernini. Ya está bien de promesas y excusas por la falta de permisos, que tampoco se está hablando de levantar una catedral, simplemente de mejorar el entorno de los monumentos. Aún así, si la tasa ayuda, entonces adelante.

Hay otros aspectos que no cuestan dinero al Ayuntamiento, al contrario, dado que generan ingresos. Pese a esa circunstancia, el gobierno municipal no tiene ninguna prisa como se ha visto con el famoso sharing, el alquiler de vehículos sin conductor. Un cuarto de millón de euros al año en tasas, según el concejal de Hacienda, Ramón Vilar, lo que no está nada mal. ¿A qué viene entonces tanta demora? Eso sí que supondría una mejora sustancial para los turistas y no se ha dado ningún paso adelante desde hace años.