TURBULENCIAS

NACHO COTINO

Parece haberse convertido en el sino del valencianismo: cuando todo parece haber alcanzado un orden más o menos lógico, como por ensalmo, se desata un festín de turbulencias que amenaza con desordenar lo previamente ordenado. No importa la década ni la época en la que pongamos la lupa y... ni siquiera hace falta lupa ninguna porque la evidencia se presenta con un tamaño descomunal. No me gusta nada aquello de 'ya lo dije' pero sí es cierto que en más de un artículo como éste hice referencia a los 'celos' que comenzaba a desatar el creciente protagonismo que había alcanzado el tándem Mateu-Marcelino en la zona '¿noble?' del club y, lamentablemente, no andaba muy equivocado aunque me hubiese encantado estarlo. La percepción que ha anidado en la afición con respecto al papel desempeñado por los unos y los otros en las dos últimas campañas han venido colocando a cada uno en su sitio y... el sitio en el que ha quedado el 'mundo Meriton' anda muy lejos del que ellos pretenden y, sobre todo, del que ellos creen haber fomentado. Mientras en Meriton quieren jugar el papel de salvapatrias, la sensación que alberga el común de los mortales es que lo mejor que pueden hacer es no entrar en la cocina porque cada vez que los hacen suele ser para 'joder el guiso' y ese es un papel que ni entienden ni aceptan. Lo que sucede es que, como única herramienta para revertir tal percepción, han venido utilizando el twitter personal de un presidente que cree que publicando fotos en los palcos va a convertirse en la referencia del valencianismo. Algo que viene a confirmar que... no ha entendido nada y, lo que es peor, que no tienen intención de entender nada. Lo bien cierto es que, a día de hoy y con independencia de cómo se produzca el cierre del mercado, es que han dinamitado de manera innecesaria el Modus vivendi de un Valencia que parecía haber encontrado el camino. Por otra parte, también sería justo reconocer que la otra parte, la del tándem, no parece tener la cintura mínimamente necesaria para 'torear' las turbulencias y admitir que en la sociedad hay un propietario y -como en cualquier empresa- no queda más remedio que asumir ciertas directrices que, siendo o no las óptimas, vienen marcadas por una propiedad que compró el club y con dicha compra, compró también la legitimidad necesaria para marcarlas. Lo que pasa -y es lo grave- es que, en medio de esa pelea de vecindad, hay algo mucho más importante que Lim, que Mateu, que Marcelino y que el twitter del presidente y ahora mismo está en peligro. Y lo peor es que, además de la sombra de desconfianza que flota en el ambiente, ni parece haber una comunicación fluida para acometer las decisiones importantes ni los interlocutores oficiales ejercen su papel de manera solvente. Ante tal panorama nos queda invocar un buen número de momentos en la historia de la entidad en los que un grupo de profesionales del fútbol han sido capaces de resolver sobre el terreno de juego lo que otros estropean en su sillón de cuero.