LA TRITURADORA DEL FÚTBOL BASE

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

En el fútbol siempre es más fácil no llegar. Que el balón se cuele entre las piernas o que salga por la línea de banda sin billete de vuelta. Al talento siempre hay que unir una dosis de suerte, una inteligencia y una más de disciplina. Por cada niño que destaca en una escuela de fútbol base siempre hay otro mejor en el pueblo de al lado. Hoy muchas canteras han convertido el fútbol de niños en un negocio y en una trituradora de ilusiones. Ni siquiera entrar en un club de los denominados de élite garantiza vivir de una afición convertida en profesión. Conozco directivos de Tercera División a los que los jugadores no les piden un sueldo para fichar. Reclaman un trabajo para estampar su firma.

Una de mis manías favoritas es rastrear los once de todos los equipos de los cuatro grupos de Segunda B para descubrir a ilustres que o bien agotan los días de su carrera o llegaron para darse después el gran batacazo. En el reportaje sobre la generación de Íker Casillas el que mejor lo explica es Sergio Sestelo. El goleador de aquel juvenil campeón hundió su carrera tras una mala decisión. Debutó en el Real Madrid, jugó con el Numancia una temporada en Primera y se marchó al Ceuta para firmar la sentencia de muerte a su prometedora carrera.

Hoy hay escuelas en la máxima categoría de fútbol base y con un perfil bajo que ofrecen cien euros a los padres de niños de diez años para llevarse a sus hijos. Miserias. El fútbol nunca es un seguro de vida y hoy esos niños que juegan por diversión forman parte de una mercancía casi sin darse cuenta. Ayer me tropecé casi sin querer con otro caso de una carrera prometedora truncada por las lesiones y la mala suerte.

El portero Ángel Ovejero guarda la meta como titular del Riba-roja en la Regional Preferente. Descubrir el once me impactó. Por cuestiones que no vienen al caso siempre he estado pendiente de este portero. Criado en la escuela del Levante y habitual en los entrenamientos del primer equipo. Ovejero decidió un día cruzar para ir al Mestalla y entre la progresión de Sivera y una durísima lesión su carrera se quedó en punto muerto. Ovejero, además de futbolista, es poeta. Estudiante y estudioso. Tras su grave lesión de cruzado trató de coger de nuevo el paso en el Alzira. Las cosas no fueron según lo previsto. Hoy, el Ribarroja es una ventana en la que reafirmarse.

La historia de Ovejero es la de muchos niños futbolistas, la de la mayoría de la generación Casillas, la de casi toda la plantilla del Barcelona que ganó la Champions de juveniles. Los niños deben jugar al fútbol para disfrutar y alejarse lo máximo posible de ese mercadillo en el que han convertido el fútbol base. No hay mayor traspié que las falsas esperanzas.

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