Trinchar el pavo

El modo más eficaz de conseguir aplausos, likes y retuiteos es demonizar cualquier frase de algún líder de Vox

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Al principio pensé que era un efecto mímesis. Alguien empezó a señalar a Vox marcando líneas rojas y los demás siguieron la tendencia. Criticar a Vox a veces es evidente, necesario y hasta imprescindible, pero en otras ocasiones se ha convertido simplemente en un recurso fácil. ¿Quién va a criticar que se afee el comportamiento o la postura de un grupo extremista de derechas? Resulta uno de los grandes mensajes políticamente correctos. Así, el modo más eficaz de conseguir aplausos, likes y retuiteos es demonizar cualquier frase de algún líder de Vox. Justo es reconocer que algunas se retratan por sí mismas.

Sin embargo, hubo un momento en que resultaba demasiado reiterativo el empeño de algunos por señalar con desprecio al nuevo partido ultra, sobre todo, en casos en los que había un interés particular por incluirlo en la conversación donde no venía a cuento. Manzanas traigo, que Vox se opone. Durante un tiempo he estado dándole vueltas a esa manera de retorcer la realidad hasta que Vox y sus aliados se ponen a tiro. Y ya, por fin, lo he visto claro con los últimos datos del CIS. No se trata de hundir a Vox que, como todo grupo de extremos, tiene un techo al que llegar antes o después. Se trata de dividir a la derecha, de forma que ya no pueda volver a crear el bloque compacto que logró el PP de Aznar y, en menor medida, Rajoy. Contra ese bloque, una izquierda fraccionada no puede triunfar. El modo de ganar las elecciones, como ha conseguido el PSOE de Sánchez, aunque no tenga seguro el gobierno, es marcar al conocido como «trifachito» para vincular a toda la derecha con las posiciones de Vox y neutralizar, así, su efecto. Trinchar el pavo del «trifachito».

Los datos del CIS evidenciaban además otra táctica de los últimos meses: la presión sobre Ciudadanos. La alternativa ofrecida desde el socialismo es clara: la abstención es un cesión a la derecha ultra. De ese modo, no le queda otra al partido de Rivera que desmarcarse para no ser confundido y eso, en Ciudadanos, se llega a potenciar de un modo exagerado. Hay que reconocer que los propios partidos hacen lo indecible para conseguirlo sin necesidad de que la izquierda entre en el juego. No hay más que ver el cruce de tuits que desplegaron unos y otros, con acusaciones por parte de Vox y vídeos de Loco Mía, con coreografía y hombreras insufribles, como respuesta de Ciudadanos. En lugar de reconducir a la derecha hacia posiciones razonables, centradas y capaces de aglutinar muchos apoyos, lo que están consiguiendo es radicalizarse y minimizar a todo aquel que no comparta los postulados del socialismo de Sánchez. La decisión del PSOE de culpabilizar a Ciudadanos choca de frente con la promesa del partido de no avalar a Sánchez. Otra posición sería interpretada por sus votantes y también por los contrarios como un incumplimiento de su propio programa. Aunque se extralimitara al prometerlo con tanta firmeza.