Trato inhumano

Para los asesinos despiadados como 'el Chapo' no hay nada digno de ser respetado salvo sus deseos y ambiciones

VICENTE GARRIDO

Joaquín 'el Chapo' Guzmán fue sentenciado hace unos días en Estados Unidos a cumplir cadena perpetua. El 'capo' más famoso de la droga después de Pablo Escobar, que durante treinta años fue responsable de innumerables crímenes, tuvo la oportunidad de dirigir al tribunal su última palabra. Primero agradeció a su familia su gran ayuda en estos meses de cautiverio («Me dieron fuerza para soportar las torturas tan grandes que estoy sufriendo»), pero luego se despachó a gusto con la enumeración de tales torturas que ha tenido que soportar en la cárcel: «Me he visto obligado a beber agua no higiénica; se me negó la luz del sol y el aire fresco, Me duele la garganta, la nariz y la cabeza. Me tapo los oídos con papel higiénico por el ruido del aire». Este narcotraficante concluyó su alegato asegurando que el país que lo tiene preso es tan corrupto como cualquier otro, que lo vivido en este tiempo de cautiverio ha sido algo «inhumano», y calificó lo vivido como «una falta de respeto a la dignidad humana. En el siglo XXI no se puede permitir este tratamiento cruel».

Este alegato de 'el Chapo' ilustra de manera extraordinaria el grave problema de los delincuentes que hacen de la violencia una parte integral de su vida. No hubo en su declaración ante el juez ninguna mención a sus innumerables víctimas, ningún comentario sobre las torturas, ejecuciones en desiertos o mutilaciones de cuerpos como bandera de que su poder no podía ser contestado impunemente. Todo el horror protagonizado por él y sus esbirros nada significan en comparación con las «torturas» sufridas en la cárcel norteamericana. ¡Eso sí que es padecer de verdad! ¿Dónde está la justicia?, se pregunta este asesino de masas, que ha visto por vez primera que le trataban como lo que de verdad era: un sujeto cuyo nacimiento fue una gran desgracia para la humanidad, y en particular para la población de víctimas que de forma directa o indirecta amasó durante sus treinta años de monarquía incontestada.

Es esta la lección que aprendemos una y otra vez cuando escuchamos a asesinos despiadados: nada existe digno de ser respetado salvo sus propios deseos y ambiciones. El mundo está en su ombligo: los seres humanos se dividen entre quienes le resultan útiles, indiferentes, o un estorbo. A estos últimos no se les aplica regla alguna de dignidad o de respeto a los derechos humanos: se le extorsiona, se le tortura o se le mata. Y esto es mucho menos importante que, digamos, el contratiempo de que la cerveza que consume mientras dicta esas órdenes no esté a su temperatura ideal. Existen colosos del crimen y segundas filas. 'El Chapo' estaba indignado de forma sincera en su última palabra ante el juez. Cuando comprendamos cómo es posible que alguien reduzca el mundo a su propio egoísmo mezquino habremos logrado algo tan importante como el descubrimiento de la cura de la peor enfermedad.