EL NO TRASPASO

KIKE MATEU

Cómo explicar lo de este verano en el Valencia. Rocambolesco, disparatado, increíble, insólito... pongan el adjetivo que quieran. Y, en cambio, la película del mercado terminó justo al revés. Del tsunami arrasador de las semanas previas al agua mansa final. Bienvenidos a Valencia. Todo y nada. Fallas todo el año.

¿Y cómo explicar lo de Rodrigo? Un tipo que siempre será para mí el de la peluca de Jaume Ortí, el del escudo en el pecho la noche de Getafe y el del 2-0 en la final de Copa. Eso para empezar. Pero luego está el circo de su 'no traspaso'. Tenemos retratados de todos los colores. Lim ha antepuesto claramente el interés económico de la empresa al deportivo del club. Estar dispuesto a esperar al último día para vender a tu estrella del ataque es una triste demostración; le daba igual si el Valencia se veía perjudicado o mermado deportivamente sin margen de solución. Y eso viniendo del dueño de las acciones resulta descorazonador y, de solar, desolador. Es el circo del sol. Del solar Junio de 2016. ¿Se acuerdan?

Luego está Mendes. Un tipo que pertrecha una operación a tres bandas que le favorece mucho -lógico y lícito- pero que perjudica a uno: el Valencia. El tonto útil del cambalache. Con el beneplácito de Lim, claro. Y le dicen a Rodrigo que deje de entrenar que se marcha al Atlético. El chico, normal, hace lo que le dicen que ha pasado. Pero el traspaso era mentira. Un juego de trileros sin bolita. No estaba hecho y le mintieron. Y tuvo que volver a entrenar. Cabreado y en el centro de la escena. Ridículo histórico con su cara en los periódicos. Como para no estar caliente. Y qué me dicen del 'equipo del pueblo', que pasa de patalear a lo grande, porque le tocan a Griezzman con contrato en vigor, a intentar comprar a la estrella de tu principal perseguidor sin dinero. El esperpento de los cromos del coyote duró unas horas, claro. Pero el ridículo fue histórico y sin precedentes. Emigran del pueblo a la gran ciudad para consagrarse como 'el otro equipo de la capital de España'.

¿Y Rodrigo? Su gran delito fue aceptar una posible oferta del Atlético de Madrid. Ni pidió salir, ni pidió dejar de entrenar, ni pidió que le engañaran ni faltó a su responsabilidad profesional. Ha intentado sumar todos los partidos de liga aunque su cabeza fuera una olla a presión a punto de estallar. Aceptaba salir, sí. Pero nunca todo lo demás. Mestalla lo sabe y se lo reconoce cada vez que pasa por allí. Ahora a él y al cuerpo técnico les toca recuperar la normalidad lo antes posible y, como consecuencia, su fútbol.

¿Y Alemany? ¿El papel de Alemany en todo esto? La llave del éxito a cambiado de manos. Y me temo que también el éxito.