EL TRAMPANTOJO DE LA VOLUNTAD

MIQUEL NADAL

Conste de manera previa la advertencia de que esta es una columna de fútbol. Define el Diccionario de la Real Academia que el trampantojo, de notable uso en la pintura y otras artes, es la «trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es». Algo de esto ya se intuía en las horas previas al partido contra el Arsenal, con esa retórica de vídeo de motivación pedagógica, que pretende sustentar que la voluntad lo puede todo, y que si alguien se empeña, sueña y se confabula para conseguir un objetivo es capaz de conseguirlo. La falsedad de esa pretensión es manifiesta en muchos órdenes de la vida. A veces con voluntad y empeño solo se consigue tropezar con el muro de piedra de la realidad, y por mil frases que uno copiara en un cuaderno repitiendo que sí se puede, si no hay ingenio, mesura o acierto, el resultado nunca será positivo. La voluntad, ni lo puede todo, ni es bueno que lo pueda todo. Hay claros ejemplos en la historia de la humanidad sobre las monstruosas consecuencias que la falta de límites y balances a la voluntad provocó en el patrimonio y en la vida de las personas. Invocar a la voluntad me hace recordar la película de propaganda de Leni Riefenstahl, sobre el Congreso del Partido Nacional Socialista en Núremberg, en 1934, 'El triunfo de la voluntad' ('Triumph des Willens'), y me evoca uniformes, desfiles de antorchas y quema de libros. Tanta voluntad a uno le asfixia, y el atardecer del jueves se poblaba de ciertas presencias que en lugar de edificar los objetivos desde la humildad, acudían a Mestalla creyendo de verdad, como si fuera una receta futbolística, que la suma de un tifo ocurrente, la grada poblada, una animación constante, banderas de plástico agitadas al viento, más el canto del Himno dan lugar a un resultado positivo. El fútbol no es una acumulación de ingredientes en forma de receta de éxito, y mucho menos si la mentalidad se basa en convertir la remontada en un espectáculo para la fotografía que acredita la presencia en el lugar exacto. Yo estuve allí. Turistas de remontada cuando la remontada no existe. Es pasado, un acontecimiento imaginario, inesperado, que sucede. La planificación mecánica, artificial y de venganza de la remontada como un acontecimiento es una llamada a la derrota. Esto es fútbol, y las respuestas que el fútbol te proporciona tienen que ver con la calidad y con el hambre y la desesperación de quien no quiere ser un convidado de piedra en el festín de una final. Valga el ejemplo de la final de la Champions de París. Eso no quiere decir que animar a un equipo y sostener su nombre desde la grada no sea importante, pero ese propósito tiene que surgir, dejándose en casa los móviles, viviendo de verdad la victoria o la derrota. El triunfo de la humildad.