TRADUCCIONES IMPOSIBLES

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Ciertas palabras y expresiones en valenciano resultan difíciles de traducir al español porque el matiz principal se difumina, y en ese detalle reside la gracia. Podemos aproximarnos pero no encontramos un equivalente que brille por su exactitud. Por ejemplo «trompellot». Se emplea «trompellot» para definir a un tipo grande, gordinflas, bocazas, trompetero y torpón que deambula por la vida como elefante en cacharrería. Sería una mezcla de todos estos conceptos, pero no descubro una sola palabra en castellano que revele tantas virtudes... El clásico «trompellot» sería Boris Johnson, el nuevo primer ministro británico que amenaza con largarse de la UE en octubre así por las bravas y, por supuesto, sin pagar. Ignoro si cumplirá lo que pretende pues en su tierra conocen su vertiente mentirosa, farolera, pero desde luego con su presencia nos aseguramos emociones diversas y chovinismo a raudales. Sin embargo algo le reconozco a este «trompellot», y es el carisma. Cuando emerge su careto en la pequeña pantalla es imposible no fijarse en él. Sus aspavientos, su manera de caminar, su aplastante seguridad, su vehemencia, su cabellera decolorada, su semblante pálido... Hay algo en su morfología que atrapa al espectador porque, sin duda, es diferente, y lo diferente suele atraer al escapar de lo ordinario. ¿Es esto bueno? No, claro que no. Si la modélica y vieja democracia inglesa catapulta hacia el liderato a cachorros vocingleros como Boris, teñidos además por malsano populismo, es que vamos mal. La tradicional flema británica por los suelos. Y el cacareado fair-play directamente al subsuelo. Nada bueno podemos esperar de este singular personaje, no sólo nos recuerda al «trompellot» de toda la vida, sino que lanza mensajes de verdadero «moniato», otra de esas palabras valencianas de errática traducción.